D'Cuba Jazz
Viernes, 20 de Agosto, 2021
Haga la prueba. Coloque en el lector de su equipo de sonido las
novedades de Charlie Palmieri, los más recientes logros de la Spanish
Harlem Orchestra y los últimos discos de los pianistas Michel Camilo y
Danilo Pérez, tres muestras bien diferentes y personalizadas de la
evolución del jazz latino en el cruce de los siglos XX y XXI. Y luego
consiga una copia de /Cumbanchando con Arsenio/* * (sello SMC, 1962).
Puede que la sorprenda a simple oídas el parentesco. Porque cuando
profundice en el desplazamiento de las células rítmicas y en la forma de
organizar la dinámica del sonido de los metales y el tres, advertirá la
existencia de vasos comunicantes evidentes.
En el citado disco de Arsenio Rodríguez (1911–1970), que encontró una
débil respuesta en el mercado norteamericano de la época, el músico
invidente mostraba una de sus más arduas empresas: la concreción de un
estilo al que llamaría /swing son/, referido a la fusión de una de las
corrientes principales del jazz con el son a la menar en que se había
impuesto en la música popular bailable precisamente a partir del talento
del propio Arsenio.
El tresero y compositor no era ajeno a lo que estaba pasando en la
escena norteamericana del jazz y la música latina, viviendo como lo
hacía en el centro de la movida neoyorquina. Desde su arribo a la Gran
Manzana a fines de los 50, conocía del /boom/ del/ afrocuban jazz/ —era
amigo personal de Mario Bauzá y Machito, y admiraba el trabajo de Chico
O’ Farrill—, de la irrupción del /bebop/ y su variante cubanizada, el
/cubop/, de la eclosión de los músicos puertorriqueños en El Barrio; y
asistía al pulso entre los intereses comerciales de la industria por
vender una nueva imagen latina y la tenacidad de los que apostaban por
una auténtica renovación a partir del /boogaloo/ y la pachanga.
Arsenio se propuso encontrar un nicho en esa carrera hacia la
reconquista del gusto del público que incluyera tanto a los potenciales
aficionados anglos, como a los latinos. Y en esa ruta comenzó a
experimentar con el /swing son/, se dice que estimulado por el recuerdo
de la fórmula "diablo", que él mismo innovara en los tiempos precursores
del mambo, en los tempranos años 40.
/ Cumbanchando con Arsenio/ no era propiamente un disco de /swing son/,
pero incluyó temas que bajo ese prisma había grabado meses antes, con el
último cartuchazo del largo contrato con la RCA Víctor. Es curioso el
hecho de que ninguno fuera de su autoría. El Arsenio arreglista y
explorador de nuevas combinaciones rítmico-armónicas prevaleció en aquel
momento al abordar versiones de la recoincida "Quizás, quizás", de
Osvaldo Farrés, "Chjerokee", y /"/Girl of my dreams". Pero como era un
disco pensado en las victrolas de los salones de baile, triunfaron los
sones montunos, aunque si uno se fija bien en el tema “Yo nací del
África”/ —/por cierto, con un texto que sorprendentemente recuerda la
elegía/ “/El apellido”, de Nicolás Guillén/— /se prefigura un trabajo de
entrelazamiento de la ritmática de origen congo y el fraseo de las
trompetas que de algún modo anticipa el estilo de de orquestación de
Chucho Valdés en los Irakere de los 70, aunque, desde luego, con mucho
menos desarrollo.
En opinión de Max Salazar, el /swing son/ cristalizaría en 1968 con la
grabación "Daddy give me candy", cantada en inglés por Julián Llanos, en
la que afirma se consigue “una mezcla de jazz, / boogie woogie/ y son
montuno”. Se encuentra en uno de los cortes del disco del sello Tico, /
Arsenio dice/, el último que grabó el músico matancero.
Quién sabe a dónde hubiera llegado Arsenio en sus búsquedas con el
/swing son/ si el ambiente hubiera sido más favorable. Pero con lo que
se escucha hoy, basta para consagrarlo no solo como el precursor de la
salsa neoyorquina, sino también como uno de los adelantados del jazz
latino.
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El `swing son` de Arsenio y el jazz latino
HISTORIA
El `swing son` de Arsenio y el jazz latino

Por: Pedro de la Hoz
Fecha: 2012.01.30
Fuente: La Jiribilla
Haga la prueba. Coloque en el lector de su equipo de sonido las
novedades de Charlie Palmieri, los más recientes logros de la Spanish
Harlem Orchestra y los últimos discos de los pianistas Michel Camilo y
Danilo Pérez, tres muestras bien diferentes y personalizadas de la
evolución del jazz latino en el cruce de los siglos XX y XXI. Y luego
consiga una copia de /Cumbanchando con Arsenio/* * (sello SMC, 1962).
Puede que la sorprenda a simple oídas el parentesco. Porque cuando
profundice en el desplazamiento de las células rítmicas y en la forma de
organizar la dinámica del sonido de los metales y el tres, advertirá la
existencia de vasos comunicantes evidentes.
En el citado disco de Arsenio Rodríguez (1911–1970), que encontró una
débil respuesta en el mercado norteamericano de la época, el músico
invidente mostraba una de sus más arduas empresas: la concreción de un
estilo al que llamaría /swing son/, referido a la fusión de una de las
corrientes principales del jazz con el son a la menar en que se había
impuesto en la música popular bailable precisamente a partir del talento
del propio Arsenio.
El tresero y compositor no era ajeno a lo que estaba pasando en la
escena norteamericana del jazz y la música latina, viviendo como lo
hacía en el centro de la movida neoyorquina. Desde su arribo a la Gran
Manzana a fines de los 50, conocía del /boom/ del/ afrocuban jazz/ —era
amigo personal de Mario Bauzá y Machito, y admiraba el trabajo de Chico
O’ Farrill—, de la irrupción del /bebop/ y su variante cubanizada, el
/cubop/, de la eclosión de los músicos puertorriqueños en El Barrio; y
asistía al pulso entre los intereses comerciales de la industria por
vender una nueva imagen latina y la tenacidad de los que apostaban por
una auténtica renovación a partir del /boogaloo/ y la pachanga.
Arsenio se propuso encontrar un nicho en esa carrera hacia la
reconquista del gusto del público que incluyera tanto a los potenciales
aficionados anglos, como a los latinos. Y en esa ruta comenzó a
experimentar con el /swing son/, se dice que estimulado por el recuerdo
de la fórmula "diablo", que él mismo innovara en los tiempos precursores
del mambo, en los tempranos años 40.
/ Cumbanchando con Arsenio/ no era propiamente un disco de /swing son/,
pero incluyó temas que bajo ese prisma había grabado meses antes, con el
último cartuchazo del largo contrato con la RCA Víctor. Es curioso el
hecho de que ninguno fuera de su autoría. El Arsenio arreglista y
explorador de nuevas combinaciones rítmico-armónicas prevaleció en aquel
momento al abordar versiones de la recoincida "Quizás, quizás", de
Osvaldo Farrés, "Chjerokee", y /"/Girl of my dreams". Pero como era un
disco pensado en las victrolas de los salones de baile, triunfaron los
sones montunos, aunque si uno se fija bien en el tema “Yo nací del
África”/ —/por cierto, con un texto que sorprendentemente recuerda la
elegía/ “/El apellido”, de Nicolás Guillén/— /se prefigura un trabajo de
entrelazamiento de la ritmática de origen congo y el fraseo de las
trompetas que de algún modo anticipa el estilo de de orquestación de
Chucho Valdés en los Irakere de los 70, aunque, desde luego, con mucho
menos desarrollo.
En opinión de Max Salazar, el /swing son/ cristalizaría en 1968 con la
grabación "Daddy give me candy", cantada en inglés por Julián Llanos, en
la que afirma se consigue “una mezcla de jazz, / boogie woogie/ y son
montuno”. Se encuentra en uno de los cortes del disco del sello Tico, /
Arsenio dice/, el último que grabó el músico matancero.
Quién sabe a dónde hubiera llegado Arsenio en sus búsquedas con el
/swing son/ si el ambiente hubiera sido más favorable. Pero con lo que
se escucha hoy, basta para consagrarlo no solo como el precursor de la
salsa neoyorquina, sino también como uno de los adelantados del jazz
latino.
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