D'Cuba Jazz
Sábado, 21 de Agosto, 2021
Cuba siempre se ha distinguido por albergar en su seno a excelentes músicos cuya calidad y virtuosismo suelen ser elogiados incluso por artistas ajenos a la música latina.
Sin embargo, la isla caribeña también puede presumir de haber sido el caldo de cultivo para el nacimiento de varios nombres que no sólo fueron grandes músicos, sino que revolucionaron la música en general, en cuanto a que aportaron al jazz una serie de elementos que eran inexistentes antes de ellos y que despertó el interés y la envidia desde fuera de sus fronteras.
Esos nombres han sido, principalmente, los de Ernesto Lecuona, Israel López Cachao, y Bebo Valdés. Éste último, fallecido el pasado 22 de marzo, inició su idilio con Canarias en el festival Son Latinos de 2001 en el municipio de Arona, en Tenerife, para actuar en directo.
En su primera comparecencia ante los medios, Valdés afirmaba que "Lecuona ha sido el mejor pianista que ha dado Cuba y lo será en los próximos mil años". Era su sincera admiración hacia el maestro. Y, curiosamente, Valdés también había trabajado con Cachao, contrabajista que cambió el curso de la música cubana con su danzón Mambo que hizo que los músicos de Estados Unidos se fijaran más en lo que pasaba en la música caribeña que en las calles de Nueva York.
Bebo Valdés, cuyo nombre real era Ramón Emilio Valdés Amaro, nació en Quivicán, en 1918, y comenzó su carrera profesional como pianista de una de las orquestas más populares de la época, la de Julio Cueva, para la cual compone el mambo La rareza del siglo, un tema trascendental que ya demostraba el talento innovador de Valdés.
Durante la década de los cuarenta Bebo se suma a la orquesta de Armando Romeu en Tropicana, el cabaret mas famoso de la Isla, y en poco tiempo, es asesor musical del local. El productor Norman Granz, entusiasmado por la reacción al jazz afrocubano en Norteamérica, le recomienda a Valdés en 1952 la primera descarga de jazz cubano que se graba en la isla. Bebo crea un nuevo ritmo, la batanga con temas tan exitosos como Rimando el cha-cha-cha.
A comienzo de los sesenta en Méjico, Bebo es director musical del bolerista chileno Lucho Gatica y se va de gira por Europa con su orquesta.
A su paso por Estocolmo, se enamora, se casa, y se suma en el más profundo anonimato. Tras más de treinta años, el 25 de noviembre de 1994, Bebo recibe una llamada de Paquito
D´Rivera, invitándole a grabar Bebo Rides Again que reactiva su carrera. En 2000 interviene en la película de Fernando Trueba Calle 54 y, con 85 años, publica Lágrimas negras junto al cantaor Diego el Cigala y gana un Grammy Latino.
Su último disco fue Bebo y Chucho Valdés, juntos para siempre, un homenaje en el que padre e hijo repasan los ritmos de la música cubana que siempre les entusiasmaron y que Bebo reinterpretó como nadie.
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El trío de oro de Cuba
HISTORIA
El trío de oro de Cuba

Fecha: 2013.04.09
Fuente: La Opinión de Tenerife
Cuba siempre se ha distinguido por albergar en su seno a excelentes músicos cuya calidad y virtuosismo suelen ser elogiados incluso por artistas ajenos a la música latina.
Sin embargo, la isla caribeña también puede presumir de haber sido el caldo de cultivo para el nacimiento de varios nombres que no sólo fueron grandes músicos, sino que revolucionaron la música en general, en cuanto a que aportaron al jazz una serie de elementos que eran inexistentes antes de ellos y que despertó el interés y la envidia desde fuera de sus fronteras.
Esos nombres han sido, principalmente, los de Ernesto Lecuona, Israel López Cachao, y Bebo Valdés. Éste último, fallecido el pasado 22 de marzo, inició su idilio con Canarias en el festival Son Latinos de 2001 en el municipio de Arona, en Tenerife, para actuar en directo.
En su primera comparecencia ante los medios, Valdés afirmaba que "Lecuona ha sido el mejor pianista que ha dado Cuba y lo será en los próximos mil años". Era su sincera admiración hacia el maestro. Y, curiosamente, Valdés también había trabajado con Cachao, contrabajista que cambió el curso de la música cubana con su danzón Mambo que hizo que los músicos de Estados Unidos se fijaran más en lo que pasaba en la música caribeña que en las calles de Nueva York.
Bebo Valdés, cuyo nombre real era Ramón Emilio Valdés Amaro, nació en Quivicán, en 1918, y comenzó su carrera profesional como pianista de una de las orquestas más populares de la época, la de Julio Cueva, para la cual compone el mambo La rareza del siglo, un tema trascendental que ya demostraba el talento innovador de Valdés.
Durante la década de los cuarenta Bebo se suma a la orquesta de Armando Romeu en Tropicana, el cabaret mas famoso de la Isla, y en poco tiempo, es asesor musical del local. El productor Norman Granz, entusiasmado por la reacción al jazz afrocubano en Norteamérica, le recomienda a Valdés en 1952 la primera descarga de jazz cubano que se graba en la isla. Bebo crea un nuevo ritmo, la batanga con temas tan exitosos como Rimando el cha-cha-cha.
A comienzo de los sesenta en Méjico, Bebo es director musical del bolerista chileno Lucho Gatica y se va de gira por Europa con su orquesta.
A su paso por Estocolmo, se enamora, se casa, y se suma en el más profundo anonimato. Tras más de treinta años, el 25 de noviembre de 1994, Bebo recibe una llamada de Paquito
D´Rivera, invitándole a grabar Bebo Rides Again que reactiva su carrera. En 2000 interviene en la película de Fernando Trueba Calle 54 y, con 85 años, publica Lágrimas negras junto al cantaor Diego el Cigala y gana un Grammy Latino.
Su último disco fue Bebo y Chucho Valdés, juntos para siempre, un homenaje en el que padre e hijo repasan los ritmos de la música cubana que siempre les entusiasmaron y que Bebo reinterpretó como nadie.
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