D'Cuba Jazz
Sábado, 21 de Agosto, 2021
En 1967 se funda en La Habana la Orquesta Cubana de Música Moderna a instancia del entonces Consejo Nacional de Cultura; la agrupación tenía como antecedente la Orquesta Juvenil de Música Moderna, buena parte de cuyos integrantes pasaría a integrar esta especie de «todos estrellas» de estilo jazzband.
La nueva agrupación fue organizada por el gran trompetista Luis Escalante y por el compositor, orquestador y saxofonista Armando Rameu; este último sería designado como su primer director, su debut lo haría el 12 de abril de ese propio año.
La idea se llevó a las demás provincias, que entonces eran seis, aunque solo tomaría fuerza y perduraría en Las Villas y Oriente (Santiago). Muy pronto estas agrupaciones se convierten en refugio y escuela de excelentes músicos, muchos de los cuales andaban dispersos y subutilizados, en una época en que el mundo del espectáculo y de la música en el país, había caído en una profunda crisis.
Como bien ha señalado el musicólogo Leonardo Acosta: «La propia denominación de Orquesta Cubana de Música Moderna refleja ciertos resabios y temores de admitir o siquiera mencionar la palabra jazz» .
Bajo esta política es que un día de julio de ese mismo año 1967, aparece en el panorama cultural de la provincia la Orquesta de Música Moderna de Las Villas, integrada por 23 músicos y dirigida por el maestro Rubén Uribarres (6 trompetas, 5 saxofones, 4 trombones, piano y teclados, guitarra, bajo, batería y percusión cubana). El ideal fundamental, en cuanto a repertorio, era interpretar los géneros de la música popular contemporánea de carácter instrumental, como jazz (en sus variantes experimentales: «jazz latino», jazz rock, rapsódico, etc), rock, beat y una gama amplia de géneros cubanos.
El entonces joven director expresó al periódico Vanguardia del día 14 de ese mes de julio: «Es un gran paso de avance en todos los aspectos. De por si es la mejor organización musical que se ha hecho en la provincia. Estoy orgulloso de poder dirigir este grupo. Esperamos con nuestro estudio estimular la superación musical en nuestro país y en especial en la provincia».
Cinco meses después, la Orquesta de Música Moderna de Las Villas tendría su gran prueba de fuego en el Primer Festival de Orquestas Populares, celebrado en el estadio Augusto César Sandino entre el 23 y el 26 de diciembre, junto a las principales agrupaciones cubanas del momento como el Conjunto Chapottin, el de Roberto Faz, la Orquesta de Enrique Jorrín, la Revé, Conjunto Saratoga, Aliamén, Los Fakires, entre otras. Este encuentro fue organizado en saludo al Congreso Cultural de La Habana, celebrado a partir del 4 de enero del año siguiente, evento donde nuestra orquesta participó con actuaciones en plena Rampa, junto a sus similares de La Habana y Oriente.
En los primeros días de febrero ofrecerían dos conciertos en el teatro Amadeo Roldán, ocasión en que acompañaron a Omara Portuondo en temas como La felicidad, No me abandones y Now; la intérprete, situada en el cenit de la popularidad, celebró los originales arreglos.
A los tres años de fundada, la orquesta villareña mostraba ya un nutrido currículum. Se había presentado en las principales plazas de todas las provincias, incluyendo el municipio de la Isla de la Juventud, pero además en albergues de trabajadores movilizados, en Círculos Sociales, en los campamentos de la Columna Juvenil del Centenario y la Brigada de la Frontera en Guantánamo. En esta época ya era considerada la segunda agrupación de su tipo del país, deferencia que la llevó a grabar varias composiciones para la Expo 70, de Osaka, Japón.
Además, se había formado lo que llamaron un noneto, un pequeño grupo de nueve músicos «que interpretaban una “onda nueva”, música cubana con base armónica de “free jazz” criollo (…) Estos números son atonales—dice uno de los nueve—, a veces llevamos nuestra música tradicional a un ritmo moderno cambiando la armonía; ¿no has oído el arreglo que hicimos de “Siboney” y de Son de la loma”
En 1972 asume la dirección de la orquesta el maestro Juan Bringues Ochoa que la mantendría con la misma constancia y ritmo ascendente, haciendo varias presentaciones mensuales en la provincia e integrándose a giras por el país. La llegada de los sonados Festivales del Creador Musical sería otra oportunidad para lucirse, asumiendo arreglos de obras y acompañamientos de intérpretes provinciales y nacionales.
Una de sus características fue tener entre sus integrantes a varios compositores y arreglistas, además de recibir temas de otros destacados autores como Gustavo Rodríguez y Juan Formell cuando todavía era solo el desconocido bajista de la orquesta del hotel Habana Libre. Habituales fueron las firmas de Chico O´ Farril, Joe Bishop, Lennon y McCartney, Dani Martin, Miguel Pinto, Horacio González, Silvio López, entre otros.
Nuestra celebrada agrupación llamó la atención del afamado director y empecinado defensor del jazz en Cuba, el maestro Armando Romeu, que desde entonces comenzaría una fructífera colaboración con la agrupación de la que fue declarado Director Honorífico.
En 1976 la dirección de la Orquesta pasa a manos de Fausto Vega Clavelo hasta 1980, año en que asume su batuta el maestro Nelson Oney Peña, por último, en 1984, sería el saxofonista fundador y además arreglista, Jesús «Chu» Rodríguez, el encargado de guiar la los derroteros de la mayor agrupación musical surgida en nuestras céntricas tierras.
En este año se organiza el Primer Festival de Jazz Villa Clara 84, que tendría a los integrantes de la Orquesta de Música Moderna como protagonistas. A propósito de la celebración, el maestro Armado Romeu declaró que Santa Clara era la segunda potencia jazzística en Cuba, y calificó a nuestra orquesta como la mejor de su tipo en el país. Estas razones pesaron para que fuera invitada al VI Festival Jazz Latino Plaza 1985, pero bajo el nombre de Todos Estrellas, ocasión en que fueron elogiados por invitados extranjeros. El jazzista español Teté Montoliu expresó que «la Banda Todos estrellas está a la altura de otras en el mundo, sin derroche técnico todos sus músicos son dueños absolutos del instrumento».
Entre otras actividades importantes realizadas en esta etapa, está el concierto llamado Esta germinal primavera, compartido con la Sinfónica y el Coro Provincial, en saludo al XVII Aniversario de los Órganos de la Seguridad del Estado, realizado en marzo de 1986 en varios pueblos de Villa Clara, y la Universidad Central, que tuvo su colofón en el cine-teatro Camilo Cienfuegos de Santa Clara el día 23 de ese mes. El programa estuvo conformado con la música del serial En silencio ha tenido que ser y contó con la presencia de su autor José María Vitier. «He recibido una lección acerca de lo que es posible realizar cuando se pone empeño y talento—declaró Vitier al término de la función en Placetas.
Pienso en estos momentos en la capital del país, donde esta demostración villaclareña de seguro causaría un impacto fenomenal». Los 25 años del ICAIC serían celebrados también con un programa conformado con la música de Vitier utilizada en el cine cubano, lo que llevó a que compartiera escena, una vez más, con la Sinfónica Provincial.
El 25 de septiembre de 1987 la Orquesta de Música Moderna festejó sus 20 años de fundada con un concierto de gala en el Camilo Cienfuegos dividido en dos partes: la primera se dedicó a ofrecer lo más característico de su repertorio instrumental y, la segunda, al acompañamiento de figuras que en esos años habían compartido en el ámbito musical de la provincia, su labor con la agrupación.
También participó en el concierto homenaje, que durante tres noches se le ofreció a la destacada pianista Freida Anido en el teatro La Caridad, en enero de 1989.
Otras actividades serían los encuentros para elegir al intérprete que representaría a la provincia a los Festivales Guzmán y en las llamadas Galas organizadas con cantantes de países socialistas.
De la calidad mantenida por nuestra orquesta dan fe las palabras de Armando Romeo, a propósito de dos conciertos ofrecidos en noviembre de 1988 en el cine-teatro Guaso de Guantánamo: «Un concierto de este tipo en Cuba solo se puede hacer reuniendo en la capital del país a un Todos Estrellas, o…con la OMMVC»
No obstante el esfuerzo por mantener su trabajo con el rigor cualitativo de siempre, la orquesta nuestra tuvo que enfrentar, además de los avatares económicos propios de la época, no pocas trabas burocráticas que la fueron lastrando.
A propósito de un elogiado concierto ofrecido en la sede de la UNEAC como saludo al IV Congreso de esta organización Jesús «Chu» Rodríguez opinó: «Las únicas cosas que pueden matar una orquesta del tipo jazz band son dos: la inercia y la burocracia (…) lo que fue un punto de partida se convirtió en una meta. De la función de concierto, estas orquestas se dedicaron más a la de acompañante.
En diciembre de 1989 se celebra otro encuentro jazzístico, ahora denominado Centro Jazz, y que rindió homenaje al maestro Romeo. Según palabras del crítico Pedro de la Hoz: «Romeu se situó al frente de la Orquesta de Música Moderna de Santa Clara para demostrar como puede y debe sonar una big band. En esta época—dijo a Granma—parece haberse perdido entre nosotros el hábito de desarrollar orquestas de jazz de gran formato, cuando existen músicos como estos».
El 15 de enero de 1991 su director, «Chu», se lamentaba, a través del periódico Vanguardia, que hacía ya casi 20 años de la última grabación. Decía además que ya no se les llamaba para hacer giras, ni tampoco los espacios de la televisión los incluía en sus programaciones, siquiera un afiche ayudaba a divulgar la existencia de la agrupación. Por su parte, Pedro de la Hoz calificaba de «desaliñada y rutinaria» la programación de la orquesta y criticaba a la norma burocrática de presentaciones.
La Orquesta de Música Moderna de Villa Clara seguiría su trabajo paciente y riguroso, aunque ya los tiempos eran diferentes. Otros formatos más breves y económicos daban cabida a las inquietudes de nuevas hornadas de creadores, la música cubana se resignificaba y evolucionaba vertiginosamente, provocando otros gustos y alcanzando nuevos y más atractivos planos internacionales
En 1994 la agrupación, que en los últimos años se le llamó Orquesta Popular de Concierto, dejó de existir, dejando una historia llena de nombres y obras que actualizaron al público de la región central del país en cuanto a lo que en el ámbito de la música popular se estaba haciendo en el mundo. Con la creación de las OCMM se tomó conciencia de la contemporaneidad que podía tener la música popular de concierto, sus composiciones y arreglos preludiaron la tardía arribazón de los Beatles al gusto musical masivo de la juventud de los finales de los sesenta.
La línea jazzística de la agrupación dio cabida a las inquietudes tradicionales del músico villaclareño, siempre presto a la experimentación y al desboque apasionado de la improvisación, característica que ha sido detectada por muchos estudiosos, como la maestra Marta Valdés, Premio Nacional de la Música. A su criterio, esta parte de la isla da «esa raza de músicos donde el oído armónico extrema su finura y la luz propia viene de fábrica»
Recordar y homenajear a aquellos fundadores que tanto aportaron al desarrollo del conocimiento y al disfrute de la buena música en nuestra provincia, es un deber que nos honra. No solo debe verse como recuento histórico de ocasión sino sobre todo como pauta ejemplar, como escuela y sedimento. Además, esta introspección en el decursar musical de la región, nos devela y prueba las razones de por qué nuestra provincia sigue siendo esa cantera inagotable de talento musical.
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Orquesta de Música Moderna de Las Villas : experiencia importante
HISTORIA
Orquesta de Música Moderna de Las Villas : experiencia importante

Por: Alexis Castañeda Pérez de Alejo
Fecha: 2013.05.30
Fuente: CMHW
En 1967 se funda en La Habana la Orquesta Cubana de Música Moderna a instancia del entonces Consejo Nacional de Cultura; la agrupación tenía como antecedente la Orquesta Juvenil de Música Moderna, buena parte de cuyos integrantes pasaría a integrar esta especie de «todos estrellas» de estilo jazzband.
La nueva agrupación fue organizada por el gran trompetista Luis Escalante y por el compositor, orquestador y saxofonista Armando Rameu; este último sería designado como su primer director, su debut lo haría el 12 de abril de ese propio año.
La idea se llevó a las demás provincias, que entonces eran seis, aunque solo tomaría fuerza y perduraría en Las Villas y Oriente (Santiago). Muy pronto estas agrupaciones se convierten en refugio y escuela de excelentes músicos, muchos de los cuales andaban dispersos y subutilizados, en una época en que el mundo del espectáculo y de la música en el país, había caído en una profunda crisis.
Como bien ha señalado el musicólogo Leonardo Acosta: «La propia denominación de Orquesta Cubana de Música Moderna refleja ciertos resabios y temores de admitir o siquiera mencionar la palabra jazz» .
Bajo esta política es que un día de julio de ese mismo año 1967, aparece en el panorama cultural de la provincia la Orquesta de Música Moderna de Las Villas, integrada por 23 músicos y dirigida por el maestro Rubén Uribarres (6 trompetas, 5 saxofones, 4 trombones, piano y teclados, guitarra, bajo, batería y percusión cubana). El ideal fundamental, en cuanto a repertorio, era interpretar los géneros de la música popular contemporánea de carácter instrumental, como jazz (en sus variantes experimentales: «jazz latino», jazz rock, rapsódico, etc), rock, beat y una gama amplia de géneros cubanos.
El entonces joven director expresó al periódico Vanguardia del día 14 de ese mes de julio: «Es un gran paso de avance en todos los aspectos. De por si es la mejor organización musical que se ha hecho en la provincia. Estoy orgulloso de poder dirigir este grupo. Esperamos con nuestro estudio estimular la superación musical en nuestro país y en especial en la provincia».
Cinco meses después, la Orquesta de Música Moderna de Las Villas tendría su gran prueba de fuego en el Primer Festival de Orquestas Populares, celebrado en el estadio Augusto César Sandino entre el 23 y el 26 de diciembre, junto a las principales agrupaciones cubanas del momento como el Conjunto Chapottin, el de Roberto Faz, la Orquesta de Enrique Jorrín, la Revé, Conjunto Saratoga, Aliamén, Los Fakires, entre otras. Este encuentro fue organizado en saludo al Congreso Cultural de La Habana, celebrado a partir del 4 de enero del año siguiente, evento donde nuestra orquesta participó con actuaciones en plena Rampa, junto a sus similares de La Habana y Oriente.
En los primeros días de febrero ofrecerían dos conciertos en el teatro Amadeo Roldán, ocasión en que acompañaron a Omara Portuondo en temas como La felicidad, No me abandones y Now; la intérprete, situada en el cenit de la popularidad, celebró los originales arreglos.
A los tres años de fundada, la orquesta villareña mostraba ya un nutrido currículum. Se había presentado en las principales plazas de todas las provincias, incluyendo el municipio de la Isla de la Juventud, pero además en albergues de trabajadores movilizados, en Círculos Sociales, en los campamentos de la Columna Juvenil del Centenario y la Brigada de la Frontera en Guantánamo. En esta época ya era considerada la segunda agrupación de su tipo del país, deferencia que la llevó a grabar varias composiciones para la Expo 70, de Osaka, Japón.
Además, se había formado lo que llamaron un noneto, un pequeño grupo de nueve músicos «que interpretaban una “onda nueva”, música cubana con base armónica de “free jazz” criollo (…) Estos números son atonales—dice uno de los nueve—, a veces llevamos nuestra música tradicional a un ritmo moderno cambiando la armonía; ¿no has oído el arreglo que hicimos de “Siboney” y de Son de la loma”
En 1972 asume la dirección de la orquesta el maestro Juan Bringues Ochoa que la mantendría con la misma constancia y ritmo ascendente, haciendo varias presentaciones mensuales en la provincia e integrándose a giras por el país. La llegada de los sonados Festivales del Creador Musical sería otra oportunidad para lucirse, asumiendo arreglos de obras y acompañamientos de intérpretes provinciales y nacionales.
Una de sus características fue tener entre sus integrantes a varios compositores y arreglistas, además de recibir temas de otros destacados autores como Gustavo Rodríguez y Juan Formell cuando todavía era solo el desconocido bajista de la orquesta del hotel Habana Libre. Habituales fueron las firmas de Chico O´ Farril, Joe Bishop, Lennon y McCartney, Dani Martin, Miguel Pinto, Horacio González, Silvio López, entre otros.
Nuestra celebrada agrupación llamó la atención del afamado director y empecinado defensor del jazz en Cuba, el maestro Armando Romeu, que desde entonces comenzaría una fructífera colaboración con la agrupación de la que fue declarado Director Honorífico.
En 1976 la dirección de la Orquesta pasa a manos de Fausto Vega Clavelo hasta 1980, año en que asume su batuta el maestro Nelson Oney Peña, por último, en 1984, sería el saxofonista fundador y además arreglista, Jesús «Chu» Rodríguez, el encargado de guiar la los derroteros de la mayor agrupación musical surgida en nuestras céntricas tierras.
En este año se organiza el Primer Festival de Jazz Villa Clara 84, que tendría a los integrantes de la Orquesta de Música Moderna como protagonistas. A propósito de la celebración, el maestro Armado Romeu declaró que Santa Clara era la segunda potencia jazzística en Cuba, y calificó a nuestra orquesta como la mejor de su tipo en el país. Estas razones pesaron para que fuera invitada al VI Festival Jazz Latino Plaza 1985, pero bajo el nombre de Todos Estrellas, ocasión en que fueron elogiados por invitados extranjeros. El jazzista español Teté Montoliu expresó que «la Banda Todos estrellas está a la altura de otras en el mundo, sin derroche técnico todos sus músicos son dueños absolutos del instrumento».
Entre otras actividades importantes realizadas en esta etapa, está el concierto llamado Esta germinal primavera, compartido con la Sinfónica y el Coro Provincial, en saludo al XVII Aniversario de los Órganos de la Seguridad del Estado, realizado en marzo de 1986 en varios pueblos de Villa Clara, y la Universidad Central, que tuvo su colofón en el cine-teatro Camilo Cienfuegos de Santa Clara el día 23 de ese mes. El programa estuvo conformado con la música del serial En silencio ha tenido que ser y contó con la presencia de su autor José María Vitier. «He recibido una lección acerca de lo que es posible realizar cuando se pone empeño y talento—declaró Vitier al término de la función en Placetas.
Pienso en estos momentos en la capital del país, donde esta demostración villaclareña de seguro causaría un impacto fenomenal». Los 25 años del ICAIC serían celebrados también con un programa conformado con la música de Vitier utilizada en el cine cubano, lo que llevó a que compartiera escena, una vez más, con la Sinfónica Provincial.
El 25 de septiembre de 1987 la Orquesta de Música Moderna festejó sus 20 años de fundada con un concierto de gala en el Camilo Cienfuegos dividido en dos partes: la primera se dedicó a ofrecer lo más característico de su repertorio instrumental y, la segunda, al acompañamiento de figuras que en esos años habían compartido en el ámbito musical de la provincia, su labor con la agrupación.
También participó en el concierto homenaje, que durante tres noches se le ofreció a la destacada pianista Freida Anido en el teatro La Caridad, en enero de 1989.
Otras actividades serían los encuentros para elegir al intérprete que representaría a la provincia a los Festivales Guzmán y en las llamadas Galas organizadas con cantantes de países socialistas.
De la calidad mantenida por nuestra orquesta dan fe las palabras de Armando Romeo, a propósito de dos conciertos ofrecidos en noviembre de 1988 en el cine-teatro Guaso de Guantánamo: «Un concierto de este tipo en Cuba solo se puede hacer reuniendo en la capital del país a un Todos Estrellas, o…con la OMMVC»
No obstante el esfuerzo por mantener su trabajo con el rigor cualitativo de siempre, la orquesta nuestra tuvo que enfrentar, además de los avatares económicos propios de la época, no pocas trabas burocráticas que la fueron lastrando.
A propósito de un elogiado concierto ofrecido en la sede de la UNEAC como saludo al IV Congreso de esta organización Jesús «Chu» Rodríguez opinó: «Las únicas cosas que pueden matar una orquesta del tipo jazz band son dos: la inercia y la burocracia (…) lo que fue un punto de partida se convirtió en una meta. De la función de concierto, estas orquestas se dedicaron más a la de acompañante.
En diciembre de 1989 se celebra otro encuentro jazzístico, ahora denominado Centro Jazz, y que rindió homenaje al maestro Romeo. Según palabras del crítico Pedro de la Hoz: «Romeu se situó al frente de la Orquesta de Música Moderna de Santa Clara para demostrar como puede y debe sonar una big band. En esta época—dijo a Granma—parece haberse perdido entre nosotros el hábito de desarrollar orquestas de jazz de gran formato, cuando existen músicos como estos».
El 15 de enero de 1991 su director, «Chu», se lamentaba, a través del periódico Vanguardia, que hacía ya casi 20 años de la última grabación. Decía además que ya no se les llamaba para hacer giras, ni tampoco los espacios de la televisión los incluía en sus programaciones, siquiera un afiche ayudaba a divulgar la existencia de la agrupación. Por su parte, Pedro de la Hoz calificaba de «desaliñada y rutinaria» la programación de la orquesta y criticaba a la norma burocrática de presentaciones.
La Orquesta de Música Moderna de Villa Clara seguiría su trabajo paciente y riguroso, aunque ya los tiempos eran diferentes. Otros formatos más breves y económicos daban cabida a las inquietudes de nuevas hornadas de creadores, la música cubana se resignificaba y evolucionaba vertiginosamente, provocando otros gustos y alcanzando nuevos y más atractivos planos internacionales
En 1994 la agrupación, que en los últimos años se le llamó Orquesta Popular de Concierto, dejó de existir, dejando una historia llena de nombres y obras que actualizaron al público de la región central del país en cuanto a lo que en el ámbito de la música popular se estaba haciendo en el mundo. Con la creación de las OCMM se tomó conciencia de la contemporaneidad que podía tener la música popular de concierto, sus composiciones y arreglos preludiaron la tardía arribazón de los Beatles al gusto musical masivo de la juventud de los finales de los sesenta.
La línea jazzística de la agrupación dio cabida a las inquietudes tradicionales del músico villaclareño, siempre presto a la experimentación y al desboque apasionado de la improvisación, característica que ha sido detectada por muchos estudiosos, como la maestra Marta Valdés, Premio Nacional de la Música. A su criterio, esta parte de la isla da «esa raza de músicos donde el oído armónico extrema su finura y la luz propia viene de fábrica»
Recordar y homenajear a aquellos fundadores que tanto aportaron al desarrollo del conocimiento y al disfrute de la buena música en nuestra provincia, es un deber que nos honra. No solo debe verse como recuento histórico de ocasión sino sobre todo como pauta ejemplar, como escuela y sedimento. Además, esta introspección en el decursar musical de la región, nos devela y prueba las razones de por qué nuestra provincia sigue siendo esa cantera inagotable de talento musical.
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