D'Cuba Jazz
Viernes, 20 de Agosto, 2021
En los años cuarenta y cincuenta del pasado siglo, jóvenes bailadores habaneros descubrieron el jazz, y se congregaron alrededor de ese género que en sus inicios en el sur de Estados Unidos fue confluencia de múltiples estilos y formas de hacer música: en casas particulares, sociedades de negros y algunos bares de La Habana, disfrutaron de lo que llamaron /jam sesions/.
A pesar de los años transcurridos se mantienen unidos, bailando y disfrutando del jazz y la amistad que los unen. Parte de esa historia está en el documental /Nosotros y el jazz/, de la realizadora Gloria Rolando, que fue presentado (noviembre 2005) en la Casa de las Américas como parte del ciclo «El Caribe: la ciudad y sus espacios públicos».
La sala Manuel Galich recibió al público, a la directora del documental y a algunos de sus protagonistas: sexaganerios y septuagenarios que a lo largo de la obra cuentan sus anécdotas y recuerdos. También presente en la sala, el músico Gilberto Valdés afirmó que /Nosotros y el jazz/ trata sobre ?la vida de un grupo de jóvenes "en aquel entonces. Una historia
que sigue haciéndose en el presente, con parte de esos recuerdos".
El destacado jazzista evocó la capital cubana de mediados del siglo XX, cuando "escuchábamos música de todo tipo, de todo color, lo mismo una rumba que un concierto de orquesta filarmónica o clásica. En ese ámbito comienza la historia de aquellos jóvenes, unidos por una gran amistad en
torno a esa música que se llama jazz".
Desde la dedicatoria en el inicio, el documental de Gloria Rolando es un homenaje a la amistad y al jazz, al baile y la música que nace de profundas raíces culturales compartidas y une a los hombres. A lo largo de la proyección, de entrevistado en entrevistado, quedan grabadas frases como "Yo bailo casino, rumba y lo que se presente, pero lo mío es el jazz", "Era como una religión jazzística, lo ajustábamos todo al jazz", "Cuando empecé yo tenía unos 6-10 años".Uno de los protagonistas
cuenta que "caminando por la calle sintió aquel sonido: "como una música rara" pero que hacía como si los pies se te fueran solos".
La mayoría eran de origen humilde, negros, trabajaban de día y en la noche bailaban. Tenían un interés común: el jazz. "Lo que nos unía era el jazz, aunque éramos de religiones distintas". Iban a sociedades y clubes donde tocaban orquestas como Sensación, la de Benny Moré, la de Chapotín. Había lugares específicos en los que se escuchaba la música norteamericana, y estaban, además, las vitrolas de los bares.
Pasan las imágenes, el cine y la música de entonces que quedaron para siempre /Stormy Weather/ (1943), entre tantas películas que disfrutaron en aquellos años. Nombres como Cab Calloway, Artie Shaw, Count Basie, Duke Ellington, Dizzie Gillespie, Charlie Parker, Benny Goodman. "Las mejores bandas de Estados Unidos nos llegaron a través del cine y la discografía", dice uno de los protagonistas del documental. Filmes de música y baile de jazz realizados en los años de posguerra, mientras figuras como Mario Bauzá, Miguelito Valdés y Chano Pozo "ya en los albores en la Nueva Orleáns del siglo XIX hubo presencia cubana- ponían el acento nuestro, el aporte del son y la rumba tan importantes en la revolución que fue el bop".
El propio Bauzá decía: "Es como un árbol, que tiene la misma raíz y el mismo tronco (que viene de África) y dos ramas distintas: el son y el jazz". Leo Brower también ha dado su visión: "!Los ritmos que forman el jazz son enteramente afines a las formas cubanas o afrocubanas". En el
documental, uno de los entrevistados afirma que "el jazz es idiosincrasia, inquietud, zozobra, llanto y risa del negro norteamericano" y otro: "la música negra norteamericana siempre nos llamó la atención porque había un sentimiento de corazón".
Los miembros de aquel grupo de bailadores y gustadores del jazz comenzaron reuniéndose y ensayando en casas, en un cuarto, imitando lo que veían en las películas. Fotos de sus encuentros, de sus noches, de los lugares que frecuentaban se aprecian a lo largo de la película, que también los recoge, tan vitales como antaño, bailando hoy en día, igualmente unidos y alegres, o siguiendo atentos y disfrutando aquellas viejas películas con sus iconos.
Hay en el /Nosotros y el jazz/, también, momentos de nostalgia: por lo que no queda de aquel pasado, por lo que queda y llama a los recuerdos. Uno de ellos lo dijo en la sala: "Algunos bares, las sociedades a donde íbamos ya no existen? Algunos de nosotros ya han partido, pero están resentes". Aquella familia del jazz creó fuertes lazos de simpatía, de hermandad, de cariño, incluso hubo romances" Esos lazos perviven aún, décadas después, y el acierto del documental, o uno de ellos, está en reflejar esa fortaleza, esa fuerza de espíritu, esa lealtad a su causa de aquellos jóvenes con muchas ganas de vivir que siguen reuniéndose, en quienes el jazz y la amistad van de la mano.
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Historia del Jazz
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Una historia de jazz en La Habana
HISTORIA
Una historia de jazz en La Habana

Por: La Ventana
Fecha: 2012.03.16
Fuente: Casa de las Américas
En los años cuarenta y cincuenta del pasado siglo, jóvenes bailadores habaneros descubrieron el jazz, y se congregaron alrededor de ese género que en sus inicios en el sur de Estados Unidos fue confluencia de múltiples estilos y formas de hacer música: en casas particulares, sociedades de negros y algunos bares de La Habana, disfrutaron de lo que llamaron /jam sesions/.
A pesar de los años transcurridos se mantienen unidos, bailando y disfrutando del jazz y la amistad que los unen. Parte de esa historia está en el documental /Nosotros y el jazz/, de la realizadora Gloria Rolando, que fue presentado (noviembre 2005) en la Casa de las Américas como parte del ciclo «El Caribe: la ciudad y sus espacios públicos».
La sala Manuel Galich recibió al público, a la directora del documental y a algunos de sus protagonistas: sexaganerios y septuagenarios que a lo largo de la obra cuentan sus anécdotas y recuerdos. También presente en la sala, el músico Gilberto Valdés afirmó que /Nosotros y el jazz/ trata sobre ?la vida de un grupo de jóvenes "en aquel entonces. Una historia
que sigue haciéndose en el presente, con parte de esos recuerdos".
El destacado jazzista evocó la capital cubana de mediados del siglo XX, cuando "escuchábamos música de todo tipo, de todo color, lo mismo una rumba que un concierto de orquesta filarmónica o clásica. En ese ámbito comienza la historia de aquellos jóvenes, unidos por una gran amistad en
torno a esa música que se llama jazz".
Desde la dedicatoria en el inicio, el documental de Gloria Rolando es un homenaje a la amistad y al jazz, al baile y la música que nace de profundas raíces culturales compartidas y une a los hombres. A lo largo de la proyección, de entrevistado en entrevistado, quedan grabadas frases como "Yo bailo casino, rumba y lo que se presente, pero lo mío es el jazz", "Era como una religión jazzística, lo ajustábamos todo al jazz", "Cuando empecé yo tenía unos 6-10 años".Uno de los protagonistas
cuenta que "caminando por la calle sintió aquel sonido: "como una música rara" pero que hacía como si los pies se te fueran solos".
La mayoría eran de origen humilde, negros, trabajaban de día y en la noche bailaban. Tenían un interés común: el jazz. "Lo que nos unía era el jazz, aunque éramos de religiones distintas". Iban a sociedades y clubes donde tocaban orquestas como Sensación, la de Benny Moré, la de Chapotín. Había lugares específicos en los que se escuchaba la música norteamericana, y estaban, además, las vitrolas de los bares.
Pasan las imágenes, el cine y la música de entonces que quedaron para siempre /Stormy Weather/ (1943), entre tantas películas que disfrutaron en aquellos años. Nombres como Cab Calloway, Artie Shaw, Count Basie, Duke Ellington, Dizzie Gillespie, Charlie Parker, Benny Goodman. "Las mejores bandas de Estados Unidos nos llegaron a través del cine y la discografía", dice uno de los protagonistas del documental. Filmes de música y baile de jazz realizados en los años de posguerra, mientras figuras como Mario Bauzá, Miguelito Valdés y Chano Pozo "ya en los albores en la Nueva Orleáns del siglo XIX hubo presencia cubana- ponían el acento nuestro, el aporte del son y la rumba tan importantes en la revolución que fue el bop".
El propio Bauzá decía: "Es como un árbol, que tiene la misma raíz y el mismo tronco (que viene de África) y dos ramas distintas: el son y el jazz". Leo Brower también ha dado su visión: "!Los ritmos que forman el jazz son enteramente afines a las formas cubanas o afrocubanas". En el
documental, uno de los entrevistados afirma que "el jazz es idiosincrasia, inquietud, zozobra, llanto y risa del negro norteamericano" y otro: "la música negra norteamericana siempre nos llamó la atención porque había un sentimiento de corazón".
Los miembros de aquel grupo de bailadores y gustadores del jazz comenzaron reuniéndose y ensayando en casas, en un cuarto, imitando lo que veían en las películas. Fotos de sus encuentros, de sus noches, de los lugares que frecuentaban se aprecian a lo largo de la película, que también los recoge, tan vitales como antaño, bailando hoy en día, igualmente unidos y alegres, o siguiendo atentos y disfrutando aquellas viejas películas con sus iconos.
Hay en el /Nosotros y el jazz/, también, momentos de nostalgia: por lo que no queda de aquel pasado, por lo que queda y llama a los recuerdos. Uno de ellos lo dijo en la sala: "Algunos bares, las sociedades a donde íbamos ya no existen? Algunos de nosotros ya han partido, pero están resentes". Aquella familia del jazz creó fuertes lazos de simpatía, de hermandad, de cariño, incluso hubo romances" Esos lazos perviven aún, décadas después, y el acierto del documental, o uno de ellos, está en reflejar esa fortaleza, esa fuerza de espíritu, esa lealtad a su causa de aquellos jóvenes con muchas ganas de vivir que siguen reuniéndose, en quienes el jazz y la amistad van de la mano.
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