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PANCHO TERRY El chekeré jazzeado

Por: Reinier Aldazábal y M. M. López
Fecha: 2012.06.28
Fuente: La Jiribilla

  Tal vez el nombre de Eladio Severino Terry no arroje muchas luces sobre la personalidad que esconde detrás. Pero si a su primer apellido agregamos el sobrenombre Pancho, si describimos su sombrero de yarey con alas anchas, cinta roja y pompón rojo en la corona, si mencionamos un instrumento redondeado del que no se desprende, quizá de un tirón pueda el lector identificar al gran músico cubano.
   Nacido en Camagüey, Terry caminó del campo hacia los grandes escenarios urbanos sin desdeñar las esencias de la naturaleza y de los más condimentados ritmos cubanos.
    El niño que vio la luz en Florida en el año 1940 es hoy el “Don”, que ha colaborado con destacadas figuras del panorama musical cubano e internacional, como el trompetista norteamericano Wynton Marsalis, quien lo invitó especialmente a su último show habanero en octubre, a partir de que en los 2000 en New York, ya hubiera compartido con su orquesta.
   Dicen que Pancho no supo que era realmente Eladio hasta que comenzó a estudiar en la escuela, porque sus padres le habían dado el mote nobiliario desde pequeño, al advertir en él un aire señorial que luego se transparentó en la música.
  El joven Terry, crecido en una familia fervientemente religiosa, aunque hubo de tomar los implementos de albañilería para aportar a la economía del hogar, sintió que lo acompañaba siempre el sonido de las pieles, las semillas y la madera.
   Al decir de Pancho su vínculo con la percusión “prácticamente viene de la infancia porque fui criado en una casa en la que se practicaba la música vinculada a la religión; en ella aprendí a tocar los más variados instrumentos.”
   En todas las fiestas folclóricas de su pueblo, Pancho se las agenciaba para aparecer con un güiro, con las congas o con su ya inseparable chekeré. Una tarde, en medio de sus faenas de albañilería, un colega lo escuchó silbar y cantar danzones y lo estimuló para que se dedicara a la música. Primero Terry estudió de manera autodidacta, luego matriculó en una academia los estudios de flauta y violín.
   Para finales de los años 50, Pancho forma parte de la charanga Las maravillas de Florida y sin interrumpir sus presentaciones con este conjunto, matricula en el Conservatorio Amadeo Roldán.
   Casi tres décadas permaneció este músico en Las Maravillas, cuyo equipo dirigió entre 1970 y 1979. Con ellos grabó Viene la Maravilla y en 1979 Orquesta Maravilla de Florida y recorrió varios países africanos, en los cuales pudo profundizar sus conocimientos sobre la percusión de ese continente, que antaño influenció el espectro rítmico cubano.
   Más tarde, la carrera de Terry se consolidaría en la Orquesta Sinfónica de Camagüey y en la Orquesta Sensación. Esta última lo llevó hasta La Habana y a probarse una vez más como director en los años 90. De aquí, tal vez, muchos tengan las primeras referencias de Pancho con su chekeré, pero, lo que se conoce menos, es que este fue un punto de partida para su vinculación con el género jazz.
   “Como es natural a partir desde muy joven —recuerda—, yo escuchaba música de jazz en la provincia de Matanzas, era el tiempo de Nat King Cole. Entonces me empezó a gustar más el jazz. Cuando comencé a estudiar el contacto con este mundo, el conocimiento y el interés por conocer fue mayor. A partir de que me fui a vivir a La Habana empecé a tocar constantemente jazz.”
    Este momento marcó un parteaguas en la manera de concebir el chekeré, que no sería más un simple instrumento acompañante, sino un eje de la percusión con posibilidades de lucimiento gracias a los solos de jazz.
   Sus esfuerzos en este sentido tuvieron también un capítulo en las escuelas de arte a las que Pancho ha acudido con el fin de ofrecer cursos. Con el grupo familiar Los Terry y también junto con Bobby Carcassés, Pancho hace que el chekeré entre cómodamente en el jazz. Participa en la grabación de los discos Jazz timbero y Cubanísimo, de Bobby. En 1998 asiste al Festival de Jazz de Standford en California e imparte talleres de percusión, como lo ha hecho también para los jóvenes cubanos que cursan estudios superiores de arte. 
   Terry puede considerarse ya como una autoridad para valorar el desarrollo del jazz desde la óptica de la percusión. Considera que es fundamental tener en cuenta los aportes de los instrumentos afrocubanos al latin jazz: “a partir de Chano Pozo, que incluyó la percusión en el jazz, se aprecian grandes resultados para el género en Cuba. Ya no se concibe una agrupación de jazz que no incluya la percusión, sobre todo con el elemento de la tumbadora. Es invaluable todo lo que aporta la percusión al género y a todas sus manifestaciones”.
    Acerca de la inserción del tema de la percusión en el recién concluido Festival Jazz Plaza 2010 Pancho opina que la iniciativa “ha sido algo muy oportuno, porque significa reconocer también de alguna manera la manera en que ha enriquecido a los músicos cubanos.
  “Si hemos llegado aquí en el desarrollo del latin jazz, es gracias al legado de aquellos grandes percusionistas que cambiaron la idea del género para la historia. La base fueron ellos, por lo que este resulta un homenaje muy merecido.”
   Terry no ha tenido temor de vincularse a las más impredecibles aventuras rítmicas. En 2000 el pianista Ernán López-Nussa lo conminó a formar parte de su grupo Havana Report. El enssemble resultó ser una excelente oportunidad para reconocer las posibilidades artísticas de este instrumentista, lograr una química especial con el timbalero Changuito. Desde ese momento, la figura de Terry se ha hecho casi infaltable en el Festival cubano Jazz Plaza y otros eventos dedicados al género, como el Jojazz, dedicado a los jóvenes intérpretes y compositores.
   Para Terry el nivel de los jazzistas cubanos actualmente “es amplio y de mucho desarrollo. Tenemos funcionando desde hace muchos años las escuelas de arte, lo cual ha proporcionado el desarrollo de un talento que se aprecia cuando también fuera del ámbito docente. Recientemente estuvo en La Habana Wynton Marsalis, quien apreció con admiración el trabajo de los jóvenes, la capacidad y el talento que hay en este país.
   “Ello ha cobrado fuerzas a través de los concursos Jojazz y el trabajo con los estudiantes de Bobby Carcassés, Chucho Valdés, entre otros maestros. La juventud ha tenido la posibilidad de desarrollarse y ahora más, cuando se tiene mucho más acceso a la información.

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