D'Cuba Jazz
Sábado, 21 de Agosto, 2021
El de anoche era un concierto diferente para Chucho Valdés. No siempre puede tener en primera fila a su padre, el gran Bebo; y a su hijo, el pequeño Julián.
Uno con 93 años y otro con cinco, pero ambos clavaban su mirada en el escenario del Portón del Jazz de Alhaurín de la Torre. Allí, el pianista cubano demostró por qué ha ganado ocho premios Grammy con un vibrante concierto en el que paseó por clásicos, revisó algunas composiciones de sus discos galardonados por la Academia e hizo un avance de lo que está por venir. Respaldado por sus músicos, a pocos kilómetros de su residencia (Benalmádena) y en la tierra que le ha nombrado Hijo Adoptivo, Chucho Valdés se sentía a gusto. Estaba en casa. La noche de jazz afortunaba arrancó con un tributo a Dude Ellington, un repaso por sus temas a los que Chucho Valdés imprimió un ritmo vertiginoso al piano. Porque el músico toma una melodía de aquí y otra de allá, pero por su filtro todo suena distinto. Piezas de Weather Report , del repertorio popular español, boleros (`Bésame mucho`) o cantos yorubas, lo mismo da. Él es capaz de darle otra dimensión con su piano, compenetrado a la perfección con una potente percusión (tambores de todo tipo y batería) y el contrabajo (que alternaba el instrumento con el bajo eléctrico). Incluso se atrevió con la `Malagueña` de Ernesto Lecuona y con una composición de Rimsky Korsakov que transformó en blues.
De las piezas más bailable -que dejaban al público con ganas de levantarse de sus asientos, y alguno lo hizo-, Chucho pasaba a las melodías más suaves. Como en el hermoso tema que dedicó a su padre, Bebo Valdés, compuesto en homenaje a su abuela Caridad Amaro. El auditorio entero aplaudió el gesto y Bebo, con dificultad pero firme, recibió en pie y emocionado la larga ovación. No sería la única de la noche. Más de una vez se levantaron el pianista y sus músicos para agradecer el cariño del público.
El cuarteto dio una lección de buena música. Chucho Valdés, que movía los dedos de un lado a otro del teclado con una rapidez asombrosa, le puso imaginación, creatividad y originalidad. Se la jugó muchas veces con la improvisación y acertó. Eso es lo que distingue a los grandes `jazzmen`. Pero no estaba solo. Le arropaba una sincronizada banda -Lázaro Rivero Alarcón al bajo y contrabajo, Juan Carlos Rojas Castro a la batería, y Yaroldy Abreu Robles y Dreiser Durruthy Bombalé a la percusión-, a la que Chucho cedió su parcela de merecido protagonismo.
Cada cierto tiempo, Chucho no podía evitar volver la mirada atrás. Sí, allí seguían en primera fila Bebo y Julián. Tres generaciones de los Valdés unidos en el Portón del Jazz, un momento único y puede que irrepetible.
Inicio
/
De Buena Tinta
/
Chucho Valdés toca en casa
NOTICIAS
Chucho Valdés toca en casa

Por: REGINA SOTORRÍO
Fecha: 2012.07.16
Fuente: SUR.es
El de anoche era un concierto diferente para Chucho Valdés. No siempre puede tener en primera fila a su padre, el gran Bebo; y a su hijo, el pequeño Julián.
Uno con 93 años y otro con cinco, pero ambos clavaban su mirada en el escenario del Portón del Jazz de Alhaurín de la Torre. Allí, el pianista cubano demostró por qué ha ganado ocho premios Grammy con un vibrante concierto en el que paseó por clásicos, revisó algunas composiciones de sus discos galardonados por la Academia e hizo un avance de lo que está por venir. Respaldado por sus músicos, a pocos kilómetros de su residencia (Benalmádena) y en la tierra que le ha nombrado Hijo Adoptivo, Chucho Valdés se sentía a gusto. Estaba en casa. La noche de jazz afortunaba arrancó con un tributo a Dude Ellington, un repaso por sus temas a los que Chucho Valdés imprimió un ritmo vertiginoso al piano. Porque el músico toma una melodía de aquí y otra de allá, pero por su filtro todo suena distinto. Piezas de Weather Report , del repertorio popular español, boleros (`Bésame mucho`) o cantos yorubas, lo mismo da. Él es capaz de darle otra dimensión con su piano, compenetrado a la perfección con una potente percusión (tambores de todo tipo y batería) y el contrabajo (que alternaba el instrumento con el bajo eléctrico). Incluso se atrevió con la `Malagueña` de Ernesto Lecuona y con una composición de Rimsky Korsakov que transformó en blues.
De las piezas más bailable -que dejaban al público con ganas de levantarse de sus asientos, y alguno lo hizo-, Chucho pasaba a las melodías más suaves. Como en el hermoso tema que dedicó a su padre, Bebo Valdés, compuesto en homenaje a su abuela Caridad Amaro. El auditorio entero aplaudió el gesto y Bebo, con dificultad pero firme, recibió en pie y emocionado la larga ovación. No sería la única de la noche. Más de una vez se levantaron el pianista y sus músicos para agradecer el cariño del público.
El cuarteto dio una lección de buena música. Chucho Valdés, que movía los dedos de un lado a otro del teclado con una rapidez asombrosa, le puso imaginación, creatividad y originalidad. Se la jugó muchas veces con la improvisación y acertó. Eso es lo que distingue a los grandes `jazzmen`. Pero no estaba solo. Le arropaba una sincronizada banda -Lázaro Rivero Alarcón al bajo y contrabajo, Juan Carlos Rojas Castro a la batería, y Yaroldy Abreu Robles y Dreiser Durruthy Bombalé a la percusión-, a la que Chucho cedió su parcela de merecido protagonismo.
Cada cierto tiempo, Chucho no podía evitar volver la mirada atrás. Sí, allí seguían en primera fila Bebo y Julián. Tres generaciones de los Valdés unidos en el Portón del Jazz, un momento único y puede que irrepetible.
Lo más leído de la semana



