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DE INTERES: Las viejas discusiones del jazz: Chick Corea

Por: Matías Uribe
Fecha: 2021.02.26
Fuente: www.heraldo.es

El pianista, que falleció el pasado día 13, fue una de las puntas de lanza del enfrentamiento que se produjo, en la segunda mitad de los 70, entre jazzistas puros y jazzistas rockeros.

Antes que el Chick Corea concertista de jazz clásico, por así decir,
tuvimos al Chick Corea eléctrico, aquel pianista destetado de Miles
Davis en los inicios de los 70 que, tras intervenir en tres discos del
majestuoso trompetista —/Filles de Kilimanjaro/ (1968), /In A Silent
Way/ (1969) y /Bitches Brew/ (1970), los dos últimos, capitales e
históricos—, puso en práctica las enseñanzas del maestro y del plantel
de ensueño de músicos que le acompañaron en aquellos años y dio forma a
Return To Forever. *Es decir, el tercer vértice del triángulo divino del
entonces denominado jazz-rock, que completaban Weather Report y la
Mahavishnu Orchestra.

¡Qué peleas dialécticas! ¡Cuánta controversia! El segundo lustro de los
setenta este trío de ases tuvo un hueco relevante en la música de la
época, captó la atención de grandes masas de público juvenil, las
multinacionales lo pusieron en primera fila de sus catálogos y las
revistas especializadas hacían genuflexiones ante su poder innovador y
su modernidad. Vamos, que se comían el pescao del jazz mientras los
jazzistas más genuinos, con un mosqueo supino, quedaban relegados. Unos
a otros se tiraban ladrillazos. *Los más puristas, afirmando que aquello
era poco menos que una prostitución del género; y los modernos, tratando
de obsoletos a sus abuelos. Ni verse.* Un enfrentamiento que,
naturalmente, tenía reflejo en revistas, medios, público y crítica.
Imposible un festival de jazz clásico con cualquiera de uno de aquellos
entrometidos jóvenes que manejaban instrumentos eléctricos. Aberrante
pasar de un lado a otro y viceversa.

Curiosamente e inesperadamente, porque nadie esperaba confluencia alguna
y menos aún remanso de las revueltas aguas jazzeras, a principios de los
ochenta, se rompieron diques y unos y otros se fundieron en el gran
abrazo del jazz, sin mirar formulaciones ni estilos, sino en las bases
arquitectónicas del género: ritmo, improvisación, virtuosismo, libertad…
Y los carteles de los grandes festivales del género se llenaron de
nombres de ambas trincheras.*La muestra de todo ello la pudimos vivir de
cerca en Zaragoza a través de las sucesivas ediciones del Festival
Internacional de Jazz, que afortunadamente aún pervive desde su estreno
en 1983 en el cine Coliseo. *Oscar Peterson al lado de la banda
eléctrica de Chick Corea, el Modern Jazz Quartet y Pat Metheny, Dizzy
Gillespie y Jan Garbarek…, todos jugando ya en el mismo campo.

De manera que el Corea que se nos fue el pasado día 11 de este mes fue
ya un Corea clásico, integrado, no aquel revolucionario del piano
eléctrico y los sintetizadores en matrimonio con el jazz y el rock, y,
por tanto, desacreditado por no pocos santones del género puro. *Una
gran figura, en cualquier caso, que vino a Zaragoza por vez primera en
noviembre del 87 y se quedó asombrado de nuestro Teatro Principal,
recién remodelado. “He tocado en un teatro maravilloso y confortable”*,
me decía en la entrevista que amablemente me concedió, al poco de
despejarse el Principal, tras su concierto en trío acústico, y volviera
a ponerse de nuevo ante el piano para desgranar canciones de aires
hispanos, verbigracia /Cielito lindo/.

No quiso, sin embargo, pronunciarse sobre los elogios de Miles Davis
hacia él —“Corea es el único que está disfrutando de verdadera libertad
para hacer actualmente lo que quiere”—. “¿Dijo eso de mí? No entiendo,
eso es confuso”. Sin embargo, entró al trapo de inmediato cuando le
nombré a su vieja *Return To Forever: “Viví años excitantes con aquel
grupo…* Había muchos músicos a los que les gustaba nuestra música por la
libertad con que la tocábamos”.

*Al año siguiente, después de grabar una pieza dedicada a Zaragoza para
su amigo y bajista de su grupo, John Patitucci, volvió de forma
turbulenta, en eléctrico, al Palacio de los Deportes, y al que ha sido,
hasta ahora, el ‘festival de los festivales’ de jazz celebrados en
Zaragoza, el de 1988, con Miles Davis, Phil Woods y Oscar Peterson.*
Después volvería otras tres veces más. No extraña, como atinadamente ha
escrito el querido colega Mariano García en HERALDO, que dejara en
nuestra ciudad un gran núcleo de ‘huérfanos’ incondicionales.

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