D'Cuba Jazz
Sábado, 21 de Agosto, 2021
Los aportes de la música cubana, de ese riquísimo entramado de sonoridades, enraizado en la identidad nacional, al acervo del jazz son notables en el ejercicio cotidiano de muchos músicos, y se pueden rastrear muy temprano, incluso, en el momento mismo en que se consolidaban, de manera paralela, ciertas vertientes de la música popular en las dos orillas, en Cuba y en el sur de los Estados Unidos. Se habla mucho del toque latino que reconocen muchos historiadores de la música en el jazz de las primeras décadas del siglo pasado.
Pero esta, en todo caso, ha sido una relación en dos sentidos. Porque es innegable la influencia de los formatos tradicionales del jazz, particularmente de las jazz bands, en la música popular de este país. O en ese universo tan rico de la cancionística, el feeling. La academia, los estudios musicológicos, se han ocupado de explicitar esos vínculos.
Lo cierto es que si hoy podemos hablar de un jazz cubano (y hay consenso en que se puede) es gracias a la manera en que generaciones sucesivas de músicos honraron el legado de sus maestros y lo enriquecieron. Y ese no fue un trabajo de laboratorio; eso se consiguió en el terreno (para utilizar cierta terminología especializada), en diálogo directo con la sensibilidad, la
musicalidad de un pueblo.
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Yasek Manzano, exponente del jazz cubano.
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Yasek Manzano, exponente del jazz cubano.

Por: Yuris Nórido / CubaSí
Fecha: 2021.02.26
Fuente: Carhueso PrOmOtOr
Los aportes de la música cubana, de ese riquísimo entramado de sonoridades, enraizado en la identidad nacional, al acervo del jazz son notables en el ejercicio cotidiano de muchos músicos, y se pueden rastrear muy temprano, incluso, en el momento mismo en que se consolidaban, de manera paralela, ciertas vertientes de la música popular en las dos orillas, en Cuba y en el sur de los Estados Unidos. Se habla mucho del toque latino que reconocen muchos historiadores de la música en el jazz de las primeras décadas del siglo pasado.
Pero esta, en todo caso, ha sido una relación en dos sentidos. Porque es innegable la influencia de los formatos tradicionales del jazz, particularmente de las jazz bands, en la música popular de este país. O en ese universo tan rico de la cancionística, el feeling. La academia, los estudios musicológicos, se han ocupado de explicitar esos vínculos.
Lo cierto es que si hoy podemos hablar de un jazz cubano (y hay consenso en que se puede) es gracias a la manera en que generaciones sucesivas de músicos honraron el legado de sus maestros y lo enriquecieron. Y ese no fue un trabajo de laboratorio; eso se consiguió en el terreno (para utilizar cierta terminología especializada), en diálogo directo con la sensibilidad, la
musicalidad de un pueblo.
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