D'Cuba Jazz
Viernes, 20 de Agosto, 2021
A golpe de inteligencia y valor, enfrentados a las dificultades que
implica (sí, sigue implicando) ser negros de ascendencia humilde y no
nacer en la capital del país, la pareja fue más allá de las asignaturas
que les tocaba impartir en cada curso, para transmitir amor al
conocimiento, respeto, decencia y coraje para la vida, a cientos de
alumnos y tres hijos. De esto últimos, la mayor fue la única mujer.
Como parte de su “formación integral para la vida”, la niña Rosa recibió
clases de piano desde los seis años con la maestra Ángela de la Uz. Sin
ser una familia estrictamente musical, las melodías y armonías,
especialmente las del clasicismo y su reflejo en la música cubana de la
época (danzas, contradanzas) formaron parte de la banda sonora de su
vida. Las tías paternas, por otro lado, le inocularon como quien no
quiere las cosas el interés por su mundo más juvenil y sus ídolos
Antonio Arcaño y Arsenio Rodríguez. En la voz de Luis Marquetti, tío
paterno y relevante compositor de música popular, quien era visita
frecuente en la casona, y también por los alumnos más jóvenes, entraban
los aires del bolero y el filin a aquella familia y en esa casa de
ambiente humilde y distinguido al mismo tiempo.
La chica Marquetti —de natural vocación humanista y carácter firme e
independiente— se decantó rápido por la libertad, que entonces encarnaba
inevitablemente en la decisión de vivir y estudiar en La Habana. Dejaba
atrás seis años de estudios domésticos de piano para becarse en la
capital, matricular en la universidad, graduarse de Filología en Lengua
y Literatura Rusa y, muy pronto, encontrarse traduciendo en cuanto
evento o negociación relevante tenía lugar con funcionarios de la URSS
—como parte de la presencia de Cuba en el Consejo de Ayuda Mutua
Económica (Came). Con demasiado criterio propio como para acomodarse
siendo un mero canal de transmisión del español al ruso y viceversa, no
pasó mucho tiempo sin que fuera considerada toda una especialista en
colaboración económica y se le invitara a formar parte de importantes
grupos negociadores en el naciente Comité Estatal a cargo de esta
actividad (Cece). Entretanto, siempre hubo músicos en todas las
gradaciones de su entorno personal: conocidos, amigos, amantes y novios,
mientras la joven Marquetti era ella misma una presencia asidua en los
públicos de la noche capitalina.
Quienes hayan sido protagonistas o incluso actores secundarios en el
acontecer musical cubano de principios de los 90, tienen que haber
escuchado hablar de la Fundación Pablo Milanés. El conocido cantautor se
empeñó en poner a disposición de la cultura cubana a la que tanto debía,
una cantidad no desdeñable de su tiempo y recursos y lo hizo a través de
un modelo de gestión que no tenía antecedentes en la Cuba de los últimos
30 años, algo más de los que contaba entonces la protagonista de nuestra
historia. La Fundación Pablo Milanés duró poco tiempo (1993-1995), pero
mientras existió tuvo una labor relevante en el descubrimiento y
lanzamiento de músicos tanto emergentes como olvidados. Allí, en el rol
de asistente ejecutiva del presidente de la Fundación, Rosa Marquetti
encontró quizás el encaje perfecto para aprovechar sus intereses
artísticos, los rasgos de su personalidad y una vocación de servicio que
mucho le debe al magisterio. “Lo que se hereda no se hurta”, dice el refrán.
Desde entonces, la música no fue más un elemento colateral en su
existencia. Rosa o “La Marquetti” como la llamamos algunos, es una de
esas pocas personas verdaderamente todoterreno en el ecosistema musical
cubano. Ha trabajado en discográficas (Magic Music, 1993-1997), en
entidades de gestión colectiva de derechos de autor (Sgae Cuba,
1998-2019), producido discos y eventos (con impresionantes nombres como
Joan Manuel Serrat, Chucho Valdés, Concha Buika, El Cigala, Michel
Camilo o Rosario, por solo mencionar algunos), en promoción y relaciones
públicas, en distribución digital de música. Tiene probablemente la más
sólida trayectoria que alguien nacido en Cuba pueda exhibir en cuanto a
investigación de archivos, supervisión, /casting/, coordinación y
producción de materiales audiovisuales dedicados a la música (/El
milagro de candeal/, /Old Man Bebo/ y /Chico y Rita,/ de Fernando
Trueba; /Tosco, Rey de la Timba/, de Asori Soto; /Historias de la Música
Cubana/, serie coordinada por Manuel Gutiérrez Aragón para TVE;
/Caminando Aragón/, de Tané Martínez; /Chucho Valdés, el niño que lleva
dentro/, de Ángel Alderete; /Buena Vista Social Club. Adiós/, de Lucy
Walker; y /El gran Fellove/, de Matt Dillon, son solamente un botón de
muestra de las decenas de filmes y documentales en cuyos créditos
aparece su nombre). Pareciera mucho, demasiado. Pero hay personas cuya
energía y dones no entienden de 24/7.
La absoluta devoción a su familia y, especialmente, a la madre y el
padre, a quienes —ya ancianos— cuidó con coraje y amor infinito sin
dejar nunca de trabajar, la atención prácticamente maternal a sus
sobrinos, la cantidad de amigos y “ahijados” de todas las edades que
pueden dar fe de su mano siempre presta a la solidaridad, parecen cosas
de super heroína de película cuando se ven en contexto con su
impresionante labor profesional.
Así, como si la dimensión temporal no tuviera ningún relieve, Rosa
decidió en 2014 —quizás intentando rellenar el vacío que la partida del
padre, la madre y luego la de su hermano Israel, el médico, le dejara—
que tenía mucho más que decir y por hacer. Despacito, sin hacer ruido
entonces, mientras cumplía con creces sus responsabilidades en la
delegación de Sgae en Cuba, creó un blog y comenzó a escribir en sus
“ratos libres” con una obsesión evidente desde el propio nombre: evitar
la amnesia colectiva que iba dejando en el olvido a decenas de
protagonistas de la historia de la música popular cubana.
escribo estas líneas, cuenta ya con 82 entradas de acuciosa,
cuidadosamente escrita y entretenidísima prosa sobre personajes, hitos y
momentos de nuestro ecosistema musical, muchos de los cuales son además
la única referencia que existe sobre el tema en Internet.
El blog se convirtió en libro, con ediciones en Colombia (La Iguana
Ciega, 2016) y en Cuba (Ediciones Ojalá, 2019)… Y vinieron más
investigaciones y más libros: /Chano Pozo. La vida/ (1915-1948)
(Editorial Oriente, Cuba, 2018 / Editorial La Iguana Ciega, Colombia,
2018 / Unos & Otros Ediciones, Estados Unidos, 2019); /El Niño con su
tres. Andrés Echevarría Callava, Niño Rivera/ (Unos & Otros Ediciones,
Estados Unidos, 2019)… Y escribió notas discográficas por decenas… Y
otras tantas colaboraciones sobre música cubana para /La Gaceta de
Cuba/, /La Jiribilla/, /Cubarte/, /Catauro/,/Magazine AM:PM, OnCuba News
& Travel, Revista La Lira/ y /Revista Festival de Jazz de Barranquilla/…
Y atendió solicitudes de participación como experta en eventos,
conferencias y paneles sobre música aquí y allá…
En esta montaña rusa plena de adrenalina vital que es el aporte de Rosa
Marquetti Torres a la gestión cultural y a los estudios sobre música
popular cubana, su estancia actual como curadora e investigadora en la
más grande colección de música latinoamericana del mundo (la que ostenta
orgullosa Alejandra Fierro desde el proyecto /Radio Gladys Palmera/),
donde ha asentado además la versión en /podcast/
<http://cloud.gladyspalmera.net/embed/index.php?id=98> de
/Desmemoriados. Historias de la Música Cubana/, podría parecer el punto
culminante. Pero para Doña Rosa Marquetti no hay culmen.
Tiene un libro inédito (/Carlos Vidal Bolado, un cubano en el reino del
jazz/), y otros en preparación. Trabaja actualmente en diferentes fases
de varios materiales audiovisuales. Y a quienes tenemos un /feed/ de
redes sociales que privilegia los entornos musicales, nos sale al paso
con asombrosa omnipresencia en /posts/ e interacciones múltiples. Donde
quiera que un olvido, un error, un sesgo malintencionado o poco
informado parece desmeritar nuestra música o sus cultores, ahí está ella
para aportar datos, añadir información faltante, deshacer malentendidos,
poner los puntos sobre las íes. Infatigable, como un karma o una
predestinación.
Romelia e Israel deben estar sonriendo mientras bailan un danzón, allí
adónde van a solazarse los padres-maestros que tienen sus misiones bien
cumplidas.
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De Buena Tinta
/
Backstage: Rosa Marquetti (mención al jazz)
NOTICIAS
Backstage: Rosa Marquetti (mención al jazz)

Por: Darsi Fernández
Fecha: 2021.06.08
Fuente: magazineampm.com/
A golpe de inteligencia y valor, enfrentados a las dificultades que
implica (sí, sigue implicando) ser negros de ascendencia humilde y no
nacer en la capital del país, la pareja fue más allá de las asignaturas
que les tocaba impartir en cada curso, para transmitir amor al
conocimiento, respeto, decencia y coraje para la vida, a cientos de
alumnos y tres hijos. De esto últimos, la mayor fue la única mujer.
Como parte de su “formación integral para la vida”, la niña Rosa recibió
clases de piano desde los seis años con la maestra Ángela de la Uz. Sin
ser una familia estrictamente musical, las melodías y armonías,
especialmente las del clasicismo y su reflejo en la música cubana de la
época (danzas, contradanzas) formaron parte de la banda sonora de su
vida. Las tías paternas, por otro lado, le inocularon como quien no
quiere las cosas el interés por su mundo más juvenil y sus ídolos
Antonio Arcaño y Arsenio Rodríguez. En la voz de Luis Marquetti, tío
paterno y relevante compositor de música popular, quien era visita
frecuente en la casona, y también por los alumnos más jóvenes, entraban
los aires del bolero y el filin a aquella familia y en esa casa de
ambiente humilde y distinguido al mismo tiempo.
La chica Marquetti —de natural vocación humanista y carácter firme e
independiente— se decantó rápido por la libertad, que entonces encarnaba
inevitablemente en la decisión de vivir y estudiar en La Habana. Dejaba
atrás seis años de estudios domésticos de piano para becarse en la
capital, matricular en la universidad, graduarse de Filología en Lengua
y Literatura Rusa y, muy pronto, encontrarse traduciendo en cuanto
evento o negociación relevante tenía lugar con funcionarios de la URSS
—como parte de la presencia de Cuba en el Consejo de Ayuda Mutua
Económica (Came). Con demasiado criterio propio como para acomodarse
siendo un mero canal de transmisión del español al ruso y viceversa, no
pasó mucho tiempo sin que fuera considerada toda una especialista en
colaboración económica y se le invitara a formar parte de importantes
grupos negociadores en el naciente Comité Estatal a cargo de esta
actividad (Cece). Entretanto, siempre hubo músicos en todas las
gradaciones de su entorno personal: conocidos, amigos, amantes y novios,
mientras la joven Marquetti era ella misma una presencia asidua en los
públicos de la noche capitalina.
Quienes hayan sido protagonistas o incluso actores secundarios en el
acontecer musical cubano de principios de los 90, tienen que haber
escuchado hablar de la Fundación Pablo Milanés. El conocido cantautor se
empeñó en poner a disposición de la cultura cubana a la que tanto debía,
una cantidad no desdeñable de su tiempo y recursos y lo hizo a través de
un modelo de gestión que no tenía antecedentes en la Cuba de los últimos
30 años, algo más de los que contaba entonces la protagonista de nuestra
historia. La Fundación Pablo Milanés duró poco tiempo (1993-1995), pero
mientras existió tuvo una labor relevante en el descubrimiento y
lanzamiento de músicos tanto emergentes como olvidados. Allí, en el rol
de asistente ejecutiva del presidente de la Fundación, Rosa Marquetti
encontró quizás el encaje perfecto para aprovechar sus intereses
artísticos, los rasgos de su personalidad y una vocación de servicio que
mucho le debe al magisterio. “Lo que se hereda no se hurta”, dice el refrán.
Desde entonces, la música no fue más un elemento colateral en su
existencia. Rosa o “La Marquetti” como la llamamos algunos, es una de
esas pocas personas verdaderamente todoterreno en el ecosistema musical
cubano. Ha trabajado en discográficas (Magic Music, 1993-1997), en
entidades de gestión colectiva de derechos de autor (Sgae Cuba,
1998-2019), producido discos y eventos (con impresionantes nombres como
Joan Manuel Serrat, Chucho Valdés, Concha Buika, El Cigala, Michel
Camilo o Rosario, por solo mencionar algunos), en promoción y relaciones
públicas, en distribución digital de música. Tiene probablemente la más
sólida trayectoria que alguien nacido en Cuba pueda exhibir en cuanto a
investigación de archivos, supervisión, /casting/, coordinación y
producción de materiales audiovisuales dedicados a la música (/El
milagro de candeal/, /Old Man Bebo/ y /Chico y Rita,/ de Fernando
Trueba; /Tosco, Rey de la Timba/, de Asori Soto; /Historias de la Música
Cubana/, serie coordinada por Manuel Gutiérrez Aragón para TVE;
/Caminando Aragón/, de Tané Martínez; /Chucho Valdés, el niño que lleva
dentro/, de Ángel Alderete; /Buena Vista Social Club. Adiós/, de Lucy
Walker; y /El gran Fellove/, de Matt Dillon, son solamente un botón de
muestra de las decenas de filmes y documentales en cuyos créditos
aparece su nombre). Pareciera mucho, demasiado. Pero hay personas cuya
energía y dones no entienden de 24/7.
La absoluta devoción a su familia y, especialmente, a la madre y el
padre, a quienes —ya ancianos— cuidó con coraje y amor infinito sin
dejar nunca de trabajar, la atención prácticamente maternal a sus
sobrinos, la cantidad de amigos y “ahijados” de todas las edades que
pueden dar fe de su mano siempre presta a la solidaridad, parecen cosas
de super heroína de película cuando se ven en contexto con su
impresionante labor profesional.
Así, como si la dimensión temporal no tuviera ningún relieve, Rosa
decidió en 2014 —quizás intentando rellenar el vacío que la partida del
padre, la madre y luego la de su hermano Israel, el médico, le dejara—
que tenía mucho más que decir y por hacer. Despacito, sin hacer ruido
entonces, mientras cumplía con creces sus responsabilidades en la
delegación de Sgae en Cuba, creó un blog y comenzó a escribir en sus
“ratos libres” con una obsesión evidente desde el propio nombre: evitar
la amnesia colectiva que iba dejando en el olvido a decenas de
protagonistas de la historia de la música popular cubana.
/Desmemoriados: Historias de la Música Cubana
se convirtió muy pronto en un oasis
para melómanos, estudiosos, músicos y lectores en general. Cuandoescribo estas líneas, cuenta ya con 82 entradas de acuciosa,
cuidadosamente escrita y entretenidísima prosa sobre personajes, hitos y
momentos de nuestro ecosistema musical, muchos de los cuales son además
la única referencia que existe sobre el tema en Internet.
El blog se convirtió en libro, con ediciones en Colombia (La Iguana
Ciega, 2016) y en Cuba (Ediciones Ojalá, 2019)… Y vinieron más
investigaciones y más libros: /Chano Pozo. La vida/ (1915-1948)
(Editorial Oriente, Cuba, 2018 / Editorial La Iguana Ciega, Colombia,
2018 / Unos & Otros Ediciones, Estados Unidos, 2019); /El Niño con su
tres. Andrés Echevarría Callava, Niño Rivera/ (Unos & Otros Ediciones,
Estados Unidos, 2019)… Y escribió notas discográficas por decenas… Y
otras tantas colaboraciones sobre música cubana para /La Gaceta de
Cuba/, /La Jiribilla/, /Cubarte/, /Catauro/,/Magazine AM:PM, OnCuba News
& Travel, Revista La Lira/ y /Revista Festival de Jazz de Barranquilla/…
Y atendió solicitudes de participación como experta en eventos,
conferencias y paneles sobre música aquí y allá…
En esta montaña rusa plena de adrenalina vital que es el aporte de Rosa
Marquetti Torres a la gestión cultural y a los estudios sobre música
popular cubana, su estancia actual como curadora e investigadora en la
más grande colección de música latinoamericana del mundo (la que ostenta
orgullosa Alejandra Fierro desde el proyecto /Radio Gladys Palmera/),
donde ha asentado además la versión en /podcast/
<http://cloud.gladyspalmera.net/embed/index.php?id=98> de
/Desmemoriados. Historias de la Música Cubana/, podría parecer el punto
culminante. Pero para Doña Rosa Marquetti no hay culmen.
Tiene un libro inédito (/Carlos Vidal Bolado, un cubano en el reino del
jazz/), y otros en preparación. Trabaja actualmente en diferentes fases
de varios materiales audiovisuales. Y a quienes tenemos un /feed/ de
redes sociales que privilegia los entornos musicales, nos sale al paso
con asombrosa omnipresencia en /posts/ e interacciones múltiples. Donde
quiera que un olvido, un error, un sesgo malintencionado o poco
informado parece desmeritar nuestra música o sus cultores, ahí está ella
para aportar datos, añadir información faltante, deshacer malentendidos,
poner los puntos sobre las íes. Infatigable, como un karma o una
predestinación.
Romelia e Israel deben estar sonriendo mientras bailan un danzón, allí
adónde van a solazarse los padres-maestros que tienen sus misiones bien
cumplidas.
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