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DE INTERES: Charles Lloyd, un místico salvaje y entrañable

Por: Julián Ruesga Bono
Fecha: 2021.06.19
Fuente: Tomajazz

/Vengo de una tradición de yoguis salvajes. Soy un hombre de blues en un viaje espiritual. El blues surge de una búsqueda de libertad. Mi camino espiritual es la búsqueda de la liberación del alma./

    /Todavía estoy buscando el sonido. Es mi camino. Me llamo un
    “buscador de sonido” … cuanto más profundo me sumerjo en el océano
    del sonido, descubro que aún hay más y más por recorrer. /

El trabajo de Charles Lloyd supone otra aproximación a la música y a la
espiritualidad de la India desde el jazz, aunque su música a lo largo
del tiempo se haya impregnado de músicas y sonidos de muchas culturas.
El saxofonista es continuador del viaje iniciado por John Coltrane y
Yusef Lateef, compartiendo la mirada y el interés de éstos por las
músicas de India y Medio Oriente. Nacido en Memphis, en 1938, entonces
una ciudad con una cultura musical negra conformada por blues, gospel y
jazz, su familia tenía ascendentes africanos, cherokees, mongoles e
irlandeses y todo su trabajo musical parecería estar impregnado de esa
conjunción cultural, impulsándolo a la búsqueda e integración de
sonoridades complementarias a la música de jazz. En 1956 se trasladó a
Los Ángeles para estudiar música en la Universidad del Sur de California
donde fue alumno de Halsey Stevens, una de las principales autoridades
en Bela Bartók. Las noches de su periodo universitario las pasó
educándose en los clubes de jazz de Los Ángeles, tocando con Ornette
Coleman, Billy Higgins, Scott La Faro, Don Cherry, Charlie Haden, Eric
Dolphy, Bobby Hutcherson y otros músicos de jazz instalados en la Costa
Oeste en ese momento. Tras su graduación, pasó a formar parte de la
banda de Chico Hamilton, entre 1960 y 1964, y de ahí a tocar con
Cannonball Adderley –a la vez que participaba del movimiento
contracultural californiano. Durante ese período inicial, publicó dos
álbumes como líder de banda para Columbia, /Discovery /(1964) y/Of
Course, Of Course/ (1965), este último con Gabor Szabo (guitarra), Ron
Carter (contrabajo) y Tony Williams (batería), donde ya aparecen
evocaciones sonoras hindúes.

*The Charles Lloyd Quartet*

Cuando firma con la discográfica Atlantic forma un nuevo cuarteto, esta
vez integrado por Keith Jarrett al piano, Cecil McBee en el contrabajo
(sustituido más adelante por Ron McClure) y Jack DeJonette en la
batería. Una banda de jóvenes virtuosos que combinaban el impulso
vanguardista del free jazz y la psicodelia californiana con cadencias y
ritmos de músicas no occidentales. Entre 1966 y 1968, grabaron ocho
álbumes para Atlantic Records: /Dream Weaver/ (1966), /Forest Flower/
(1966), /In Europe/ (1966), /The Flowering/ (1966), /Love-In/ (1967),
/Journey Within/ (1967),/In the Soviet Union/ (1967) y /Soundtrack
/(1968). De ellos sólo el primero, /Dream Weaver,/ fue grabado en
estudio, todos los demás son grabaciones en conciertos, y el segundo de
los discos, /Forest Flower: Live at Monterey/ (Atlantic, 1966), hizo
historia al ser uno de los primeros LPs de jazz en vender más de un
millón de copias. El álbum se convirtió en un sorprendente éxito popular
que atrajo al público del mercado masivo de la música rock al jazz,
ganando audiencia a través de su emisión por las radios FMs vinculadas
con la contracultura. /Forest Flower,/ conectó directamente con la
audiencia y se convirtió en la banda sonora de jazz del movimiento
contracultural de la Costa Oeste norteamericana. En el disco, Lloyd,
toca el saxo tenor con una fuerte dosis de Coltrane, aunque es con la
flauta donde realmente brilla en el álbum. La banda hace una música
compleja y avanzada, que hoy suena asequible y elegante. Sin
proponérselo facilitó el camino para el éxito comercial del jazz-rock
que vendría poco después.

En ese momento, los grupos de rock californianos desbordaron los límites
de la música popular urbana con una nueva actitud creativa que se vino a
denominar psicodelia, enmarcada por un amplio abanico de fenómenos muy
relacionados entre si a nivel cultural, social y político. Con la
psicodelia apareció una música nueva, derivada por un lado del folk
norteamericano y Bob Dylan, por otro del /rhythm&blues /y en su mayor
parte del rock de The Beatles y los grupos de la llamada Invasión
Británica –una música construida en torno a los instrumentos eléctricos,
la amplificación y la posibilidad de tocar libremente para amplios
números de personas al aire libre y en grandes recintos. El rock
psicodélico fue la expresión más popular de la contracultura y a la vez
el movimiento contracultural jugó un papel muy importante en la
transformación del rock, estimulando actitudes vitales y creativas
fundadas en el desarrollo de la expresión personal y la búsqueda de
nuevas experiencias sensoriales. El rock era apreciado por su libertad
creativa, su potencia innovadora, su relación con los combates
culturales de la época y sobre todo como una música que articulaba los
valores de una nueva comunidad: tolerancia, hedonismo, autorrealización,
espiritualidad, reivindicación del derecho a la diferencia, atención a
la naturaleza y la práctica de formas de vida alternativas.

 

El decenio comprendido entre la segunda mitad de la década de los
sesenta y la primera de los setenta fue una época de experimentación
cultural y mutación de valores. Entre 1965 y 1966 surgieron en
California algunas bandas con identidad musical propia y capacidad para
atraer de manera habitual a sus conciertos a un público afín que se
identificaba con la música y la poesía de sus canciones. Todos los
grupos tenían en común la experimentación, la búsqueda y expansión
sensorial e intelectual y una actitud de crítica y cuestionamiento de lo
establecido. Un aspecto importante de la nueva música fue su estrecha
asociación con las drogas psicodélicas, en especial con el LSD.
Jefferson Airplane son quizá su ejemplo más representativo, compusieron
temas dedicados al LSD como «Whíte Rabbit» o «Running around the World».
Otros rasgos destacables en la música de la contracultura fueron la
exaltación de la vida en la naturaleza, la vida campestre y lo rural, y
la importancia dada a las filosofías y espiritualidad orientales. Un
gran número de bandas hicieron una música diferente y creativa: Grateful
Dead, Quicksilver Messenger Service, Moby Grape, Love, Frank Zappa &
Mothers of Invention, Steve Miller Band, Big Brother and the Holding
Company, Iron Butterfly, The Lovin´ Spoonful, Country Joe and the Fish,
The Doors, It’s a Beautiful Day, Santana, Fugs, Steppenwolf, Great
Society, Electric Prunes, The Byrds, …,

    /Obviamente hay una diferencia entre la experiencia de blancos y
    negros, entonces y ahora. La América blanca podría haber estado
    tratando de abandonar una existencia mundana de clase media y tratar
    de encontrar un mayor significado en la vida, pero como
    afroamericanos, no teníamos nada qué abandonar. No éramos parte de
    esa vida. No puedes saltar por la ventana del sótano. Lo que
    estábamos tratando de encontrar era igualdad y libertad./

(Charles Lloyd, recogido por Cormac Larkin)

En muchos aspectos, la psicodelia fue al rock lo que el free al jazz, lo
abrió a nuevas experiencias, sonoridades e influencias musicales,
diferentes de las que hasta ese momento participaban los músicos. El
rock psicodélico y el free jazz estaban muy próximos y hubo una
generación de músicos que convivió con ambos, compartiendo sus
influencias. Los efectos sonoros característicos de la psicodelia se
sustentaban en la exploración de nuevas texturas de los instrumentos y
la distorsión del sonido, en ocasiones flotante, difuminando los límites
de las notas, creando nebulosas sonoras que envolvían y elevaban al
oyente simulando y estimulando distorsiones perceptuales. Una
musicalidad abierta tendente a la expansión de la sensibilidad y los
procesos perceptivos. Los temas rompían y ampliaban el formato
característico de canción alargándose en extensos desarrollos
instrumentales e improvisaciones a la vez que las bandas ampliaban el
número de músicos más allá de la formación común del rock -guitarra,
bajo, batería- añadiendo otros instrumentos –orientales, africanos,
europeos clásicos, electrónicos, etc.- que los abrían a nuevas sonoridades.

Arraigados en el jazz modal y la improvisación libre, el cuarteto de
Lloyd se adentró y exploró las complejidades psicodélicas sin ningún
esfuerzo adicional o aditamento. Fue esta conexión la que hizo que la
música de la banda, en conciertos y grabaciones, fuera mucho más que
sólo presentaciones de jazz. El cuarteto fue la primera banda de jazz en
aparecer en el famoso Fillmore West de San Francisco, y en otros
espacios del rock como el Avalon Ballroom, compartiendo cartel con Jimi
Hendrix, Janis Joplin, Cream, Grateful Dead y Jefferson Airplane. Lloyd,
también, fue invitado a participar en grabaciones con The Doors, The
Birds, The Grateful Dead, Canned Heat y Beach Boys.

De todos los álbumes de este periodo destacar dos grabados en Europa.
Uno es /In Europe /(Atlantic, 1966), grabado en el Aulaen Hall de Oslo
en 1966 durante la gira del grupo por los festivales de verano europeos.
El primer tema del disco, «Tagore», es sorprendente, con Lloyd en primer
plano a la flauta dibujando líneas melódicas susurrantes sobre las
percusiones de DeJohnette y texturas y acordes de Keith Jarrett,
obtenidos rasgando y percutiendo las cuerdas en el interior del piano, a
modo de un sitar, mientras el bajo de McBee circula repetitivamente en
espiral entre el sonido de sus compañeros. Los cuatro músicos destacan
en distintos momentos del concierto consiguiendo un resultado de
conjunto deslumbrante. En 1971, la discográfica Atlantic publicó otro
álbum con más material de este concierto, /The Flowering/, completado
con grabaciones realizadas en julio del mismo año en el Festival de Jazz
de Juan-les-Pins, Antibes, Francia. Según relata Wolfgang Sandner en la
biografía de Keith Jarrett, el éxito popular del cuarteto de Lloyd fue
tal que en tres años realizó seis giras por Europa recorriendo cuarenta
países.

El otro album es /In The Soviet Union /(Atlantic, 1970)/,/ grabado en
vivo en Estonia, en el /Tallin Jazz Festival/, en plena la Guerra Fría,
en 1967, y con Ron McClure sustituyendo a Cecil McBee en el contrabajo.
La banda de Lloyd fue el primer grupo de jazz de los Estados Unidos en
tocar en la URSS por cuenta propia y no a través del patrocinio del
gobierno norteamericano. Su primer concierto fue en Tallin y
posteriormente tocaron en Leningrado y Moscú. El álbum contiene cuatro
largos temas, «Days and Nights Waiting», firmada por Jarrett; una
versión de «Sweet Georgia Bright» que ronda los dieciocho minutos, una
composición de Lloyd incluida en /Discovery!/; una canción de cuna
escrita por Lloyd para flauta, «Love Song to a Baby»; y la exótica y
desenfrenada «Tribal Dance».

La banda se separaría en 1968 por disputas económicas entre los músicos.
Jarret y DeJonette pasaron a formar parte de la banda de Miles Davis y
sus aventuras eléctricas y Lloyd pasó a una situación de semi-retiro. No
fue un retiro dramático, como se ha escrito, sólo se alejó de la escena
pública apartándose a Big Sur, una región muy poco poblada al sur de la
península de Monterey, en California. Fue un período de apartamiento y
búsqueda espiritual en el que viajó y tocó en público con menos
frecuencia prestando más atención al trabajo de estudio. Se le puede
escuchar acompañando en grabaciones a The Doors, Roger McGuinn, Canned
Heat o con los Beach Boys. Trabajó en el circuito de la contracultura
californiana grabando discos de folk-rock psicodélicos –/Moon Man/
(Kapp, 1970) es uno de ellos- y fue adentrándose más en profundidad en
las músicas orientales, grabando álbumes como /Geeta/ (A&M Records,
1973) y /Pathless-path/ (Unity Records, 1979). Este último es
sorprendente y de una gran audacia instrumental. Atmósferas tranquilas y
relajadas, utilización de sintetizadores, koto japonés, y Lloyd tocando
flauta, saxofón tenor, piano, clarinete y también cantando. Un álbum muy
espiritual y poco conocido que aporta una idea de como fue esta época de
retiro para el músico. Al inicio de la década de 1980 tocó y grabó con
el pianista Michael Petrucciani durante dos años; /A Night in
Copenhagen/ (Blue Note, 1985), documenta la experiencia, un cuarteto en
vivo, grabado con el pianista francés en el Festival de Jazz de
Copenhague de 1983. A finales de la misma década, al recuperarse de una
experiencia cercana a la muerte que sufrió en 1986, decidió volver a la
escena pública del jazz. Comenzó a tocar en vivo nuevamente y a grabar
para ECM Records.

*Reencarnación ECM*

Desde 1989 la producción discográfica de Lloyd se vuelve más regular,
igual que sus conciertos, y su nivel de calidad sigue siendo
sobresaliente con un sonido más robusto, si cabe, y una extraordinaria
sensibilidad melódica. El sonido y la forma de tocar de Charles Lloyd
aúna influencias de John Coltrane y Stan Getz en una musicalidad muy
personal, abriendo espacios sonoros al jazz con el empleo de músicas de
culturas no occidentales como componentes melódicos y armónicos. Su
música es suave y profunda, melodiosa y espiritual, y ha ido creciendo
paulatinamente hasta el día de hoy, desarrollándose en un recorrido
musical apreciable a través de su extensa y magnífica discografía.

En la primera grabación con ECM, /Fish Out of Water,/ en 1990, es
acompañado por tres músicos escandinavos, Bobo Stenson al piano, Palle
Danielsson, contrabajo y Jon Christensen, batería. Inmediatamente
después, en 1991, Anders Jormin se ocupa del contrabajo y en 1993 Billy
Hart pasa a la batería. /Fish Out of Water (/1990), /Notes From Big Sur/
(1992), /The Call/ (1993), /All My Relations/ (1995) y /Canto /(1997)
forman un conjunto de grabaciones históricas que dan cuenta de la
reincorporación de Lloyd al jazz contemporáneo. El tono general de estos
álbumes es la tranquilad y la introspección, una música sutil y
cambiante de una gran belleza. /Canto,/ fue el quinto álbum y el último
que grabó con este grupo de músicos. En cierto modo sintetiza la
experiencia musical vivida y desarrollada por la banda a lo largo de los
cuatro años anteriores, llenos de giras y la grabación de tres álbumes.
La música de /Canto/ mantiene la misma atmosfera de las grabaciones
precedentes y, a pesar de su carácter introspectivo y espiritual, no es
una álbum complaciente. Es una música de búsqueda, que dibuja diferentes
paisajes sonoros, de estructuras asimétricas y fraseos enérgicos, que
mantienen al oyente atento, aunque nunca suena frenética o descuidada.
La banda se escucha siempre bien ensamblada y coherente, más interesada
en crear una dinámica grupal que en mostrar habilidades individuales, la
autoexpresión está subordinada a la conjunción final.

Lloyd siempre ha proyectado su mundo espiritual en la música. El álbum,
/All My Relations/, estaba dedicado al maestro hindú Swami Ritajananda,
y se cierra con un tema dedicado al sabio tibetano Milarepa –solo con
flauta china. En casi todos los álbumes hay temas con títulos que aluden
al mundo espiritual y la mística oriental. /Canto/ vuelve a abordar esas
referencias espirituales, por ejemplo, «Nichiketa’s Lament», nos lleva a
los libros sagrados hinduistas, los Upanishads, y «Tales Of Rumi», está
inspirado en los escritos del poeta y filósofo sufí afgano del siglo
XIII Jalaluddin Rumi. Este tema es una increíble pieza de jazz que
parece grabada una noche en el desierto, bajo las estrellas, con los
músicos sentados a la lumbre, tocando hipnotizados por sombras
chisporroteantes que bailan en la oscuridad. Sólo este tema justificaría
el álbum. Este primer corte marca la pauta de todo el disco, muchas de
las piezas que contiene exploran ideas musicales de extraordinaria
belleza a medida que cada instrumento -incluido el oboe tibetano- se va
turnando, indagando y tanteando posibilidades sonoras. La media hora
larga de escucha que pasa por «Canto», «Nichiketa’s Lament» y «M», es
otro recorrido extraordinario del álbum donde los músicos dan muestra de
la libertad creativa y maestría con la que se mueven. Hay mucha riqueza
emocional y calidez. En el tema que da título al álbum, el tono de Lloyd
es suave y delicado, sin aristas, a veces suena frágil y quebradizo,
vulnerable, sumergido en un halo de misterio y emoción; saxo y piano
llevan alternativamente las melodías, mientras la batería toca muy
abierto y el contrabajo lo mantiene todo anclado. «Nichiketa’s Lament»
es un canto fúnebre, a través de un toque triste y lastimero de Lloyd en
el oboe tibetano con un delicado piano final sobre un insistente toque
de platillo y contrabajo. «M» se abre con un solo de bajo de Jormin,
melancólico y profundo, y cuando el piano de Stenson aparece infunde
calidez al ambiente antes que el saxo de Lloyd entre sonando como un
intenso gemido. El piano se abre paso a través de las aberturas que deja
el saxo, emitiendo notas que rozan la melodía principal sin unirse a
ella, simultáneamente, contrabajo y batería lo siguen y cubren,
desembocando en un memorable solo de batería de Hart. El resto del álbum
está a la altura desde un registro menos llamativo, pero igualmente
situado en la excelencia. Un álbum único y extraordinario dentro de un
conjunto de cinco álbumes únicos y extraordinarios.

El papel del pianista sueco Bobo Stenson en la música del cuarteto de
Lloyd fue fundamental durante más de un decenio. Junto a Lloyd, es el
único músico presente en los cinco álbumes. El recorrido musical de
Stenson es muy parecido al de Lloyd, con un profundo conocimiento de la
tradición del jazz moderno conseguido a través de su participación en
las bandas de Dexter Gordon, Stan Getz y Sonny Rollins en giras por los
países nórdicos. Además, había participado en trabajos vanguardistas en
el jazz sueco con el saxofonista Bernt Rosengren, también en trabajos de
Don Cherry y George Russel y co-liderado el popular Jan Garbarek-Bobo
Stenson Quartet –con dos discos históricos /Witchi-Tai-To/ (ECM, 1974) y
/Dansere/ (ECM, 1976). Sus trabajos en torno a la música india en la
banda sueca Rena Rama y del Medio Oriente con el percusionista turco
Okay Temiz en el grupo Oriental Wind le habían otorgado una particular
autoridad y reputación en su interpretación del jazz modal. Con Lloyd,
Stenson, continuó elaborando y refinando una paleta de recursos, amplia
y rica, llena de matices y versatilidad. Escúchese «Song» en el álbum
/The Call/. Su compañero, el contrabajista sueco Anders Jormin se
incorporó a la banda de Lloyd en 1991 y fue ganando relevancia a cada
grabación. Fue Stenson, quien lo recomendó a Lloyd para la banda, habían
tocado juntos en varias formaciones y colaborado en trabajos
individuales de uno y otro. En /Canto/, el contrabajo es quien apuntala
y ancla la sonoridad del cuarteto. Jormin posee una musicalidad
particularmente lírica, además de una gran destreza con el arco y una
habilidosa digitación, que lo hacían encajar perfectamente en el
cuarteto. Las dos partes de «Pilgrimage to the Mountain» (Peregrinación
a la Montaña) en el álbum /Notes From Big Sur,/ comienzan con sendos
solos de Jormin que destaca con un brillante toque de arco. Otros dos
momentos a destacar del contrabajista son «Cape to Cairo suite (Hommage
to Mandela)» y «Hymne to the mother» en /All My Relations./

Después de estos primeros cinco álbumes con ECM, Lloyd pasa a trabajar
con músicos norteamericanos y graba,/Hyperion With Higgins
/(1999),/Voice In The Night/ (1999) y /The Water Is Wide/ (2000) con
Brad Mehldau al piano, John Abercrombie a la guitarra, Larry Grenadier
en el contrabajo y Billy Higgins a la batería. La pianista Geri Allen
reemplazó en el piano a Mehldau en /Lift Every Voice /(2002) y
en/Jumping the Creek /(2005). Los álbumes posteriores a /Canto/, tienen
un sonido diferente y una musicalidad menos evanescente, más dinámica y
melodiosa. La sustitución de Stenson y Jormin se notó de forma
considerable en su música, que continuó creciendo y acercándose más al
blues y a muchos temas clásicos del jazz moderno.

En 1998, Billy Higgins que era amigo de Lloyd desde su época
universitaria, había reemplazado a Hart en la batería. «No habíamos
tocado juntos desde finales de la década de 1950 y, sin embargo, era
como si no nos hubiéramos perdido un día juntos. Compartimos la amistad
más profunda dentro y fuera del escenario. Lo extraño muchísimo, pero
también siento su presencia cada vez que toco». La excelente relación de
amistad y entendimiento musical entre los dos músicos dio lugar a un
álbum doble a dúo: /Which Way Is East/, grabado en 2001 y publicado en
2004 por ECM. En términos artísticos es uno de los álbumes más
interesantes que ha grabado Lloyd. Ambos músicos se sumergen en la
música investigando y buscando recursos sonoros y probando instrumentos
con momentos que rozan lo mágico. Contiene fantásticos diálogos de saxo
y batería e incursiones en el piano por parte de los dos músicos. Billy
Higgins canta en portugués, interpreta una canción tocando el guimbri
(instrumento de tres cuerdas utilizado en la música norteafricana), toca
un blues acompañándose de una guitarra, y utiliza todo tipo de
percusiones. Lloyd canta, toca saxofones alto y tenor, flautas, piano,
tarogato –instrumento de viento húngaro de origen turco-, oboe tibetano,
percusión y maracas. Reúnen y aúnan, sucesiva o simultáneamente, tantas
músicas que termina siendo un collage sonoro y sensorial fascinante.

    /Como compositor intento llegar a un lugar donde la música, aunque
    sea una afirmación muy personal, sea lo suficientemente abierta para
    dejar filtrar una dimensión universal. El músico puede conseguir
    expresar las experiencias y la sabiduría anteriores a través de su
    instrumento pero con la condición de vivirlo realmente. Me siguen
    interesando mucho las posibilidades de expresar lo imposible.
    Contemplo mi música como un niño que he llevado conmigo durante
    mucho tiempo. Puedo quedarme sentado y meditar, sentarme al piano,
    caminar por la montaña o nadar en el océano y dejar que la
    composición venga muy lentamente como si tuviera que dar la luz a
    algo. Una vez nacidos estos niños es interesante comprobar que
    tienen vida propia. Para mí, componer música es dejar una huella,
    entrar en un proceso que siempre tiene que ver con la inspiración y
    el consuelo. Es algo que siempre me ha entusiasmado y sorprendido,
    sobre todo cuando veo el mundo y la sociedad que vivimos. La
    cercanía del arte es cada vez más difícil en la sociedad y el mundo
    modernos. /

(De una entrevista realizada por Christian Steulet a Charles Lloyd,
publicada en TomaJazz)

El baterista Eric Harland se unió al cuarteto de Lloyd en 2002, después
del fallecimiento de Billy Higgins, y también formó parte del trío
Sangam, organizado por Lloyd en 2004 junto al maestro de tabla india
Zakir Hussain. /Sangam /(ECM, 2006), es un álbum grabado en directo por
el trío en un concierto homenaje a Billy Higgins celebrado en Santa
Bárbara, California, en 2004, después de la muerte de éste. Sin ensayos
previos, los músicos tocan a partir de temas originales de Lloyd ya
conocidos en discos anteriores, excepto una pieza firmada por Hussain.
Música india, blues, gospel y sugestivas percusiones que sirven de
soporte a las líneas melódicas de los saxofones y flautas de Lloyd,
circulando por sonoridades indias y jazz. Una música que suena fluida,
sutil y meditativa unas veces e hipnótica y repetitiva otras; suscitando
diferentes estados de ánimo a través de los cambios de texturas sonoras
que saxo o flauta van creando al dialogar con las percusiones o las que
crean las diferentes percusiones entre ellas. Toda una experiencia. Otro
álbum lleno de momentos memorables a sumar y destacar en la discografía
de Lloyd.

Desde 2007, ha configurado un cuarteto, más o menos estable, junto al
pianista Jason Moran, Reuben Rogers en el contrabajo y Eric Harland en
la batería. Este cuarteto ha grabado los álbumes /Rabo de Nube/ (ECM,
2008), /Mirror/ (ECM, 2010) y /Athens Concert/ (ECM, 2012), este último
con el añadido de la cantante griega Maria Farantouri, y acompañados
además por el músico de lira Socratis Sinopoulos y un segundo pianista,
Takis Frazio. El álbum fue grabado en un anfiteatro griego en Atenas, en
un programa que incluía canciones de Mikis Theoedorakis, música
tradicional griega, y piezas originales de Lloyd.

Un álbum sobresaliente es /Hagar’s Song/ (ECM, 2013), otro dúo, esta vez
grabado con el pianista Jason Moran, un miembro clave en el último
cuarteto. Moran se había convertido en uno de los pianistas más audaces
de la escena neoyorquina y había destacado trabajando con Greg Osby y
artistas visuales como Adrian Pipers. También está interesado en
conectar diferentes espacios culturales y estilos en su música. A la
sonoridad construida por Lloyd aporta transparencia y unas atmósferas
más cristalinas y luminosas. En /Hagar’s Song,/ muestra su versatilidad
y capacidad de adaptación sin perder la audacia que lo caracteriza.
Material de Dylan, Gershwin, Ellington, Wilson, Hines, y otros autores
junto a la pieza central del álbum «Hagar Suite», un conjunto de temas
compuestos por Lloyd y dedicados a su tatarabuela. El compositor
explica: «Hagar era mi tatarabuela. Cuando supe su historia, me conmovió
profundamente. La suite refleja su vida, desde que fue secuestrada de
sus padres a la edad de diez años en el sur de Mississippi y llevada
hasta Tennessee y vendida a otro dueño de esclavos, que la violó cuando
tenía catorce años. Luego fue vendida al esposo de su hija para ser su
esclava personal. Es una historia complicada y compleja: la historia de
tantos vendidos o intercambiados como esclavos. La esclavitud es lo
suficientemente horrible, pero arrebatar a una tierna niña a sus padres,
eso me duele hasta la médula. Digo “es” en referencia a la esclavitud
porque la trata de esclavos todavía existe en los confines del mundo
actual. “Hagar Suite” refleja las etapas de la vida de mi tatarabuela:
la pérdida de la familia, la soledad y lo desconocido, sus sueños y
penas, y las canciones para sus hijos recién nacidos».

*Con **Blue Note *

En 2015 Lloyd cambió de discográfica y pasó a la prestigiosa e histórica
Blue Note Records. El primer álbum publicado es /Wild Man Dance Suite
/(Blue Note, 2015), una suite en seis partes encargada por el Festival
Jazztopad de Wroclaw, Polonia y que se grabó en su presentación en el
mismo Festival en noviembre de 2013. Para este nuevo proyecto Lloyd
cuenta con una nueva formación con la que no había tocado antes, el
pianista Gerald Clayton, el bajista Joe Sanders y el baterista Gerald
Cleaver, además de Sokratis Sinopoulos, virtuoso de la lira griega, y
Miklós Lukács, maestro de cimbalom húngaro, que aportan color y texturas
rítmicas a las composiciones de Lloyd.

En /I Long To See You/ (Blue Note, 2016), Lloyd nos presenta a The
Marvels, un nuevo grupo de compañeros, esta vez centrado en las
guitarras e integrado por los ya conocidos Eric Harland en la batería y
Reuben Rogers al bajo, con el añadido de Bill Frisell a la guitarra y
Greg Leisz en la guitarra steel; haciendo una mezcla de jazz, blues,
country y rock que llega a momentos impresionantes, como la emocionante
versión que hacen de «La Llorona» con la guitarra eléctrica de Bill
Frisell como solista. En el segundo álbum que graban parece que rozan la
excelencia, /Vanished Gardens/ (Blue Note, 2018). Una música amable, de
bonitas y entrañables melodías, que nace de la colaboración entre el
saxofonista y la cantante country Lucinda Williams. Composiciones de
ambos más otras de Thelonious Monk y Jimi Hendrix. Como en /I Long To
See You,/ vuelven a entretejer diferentes músicas estadounidenses en un
nuevo y emocionante híbrido musical. Sobresale la excelente musicalidad
y sonido del grupo en los temas instrumentales, pero cuando Lucinda
Williams canta lo hace con la misma magia evocadora que desprende el
grupo. El disco se cierra con una increíble versión de «Angel», de Jimi
Hendrix. Un álbum para disfrutar; sencillo, simple y esplendido.

Entre los dos discos anteriores con The Marvels, Lloyd publicó el álbum,
/Passin ‘Thru /(Blue Note, 2017), grabado en un concierto celebración
del décimo aniversario del nuevo cuarteto con Moran, Rogers y Harland.
En el concierto revisaron la carrera de Lloyd, composiciones de toda la
vida musical del saxofonista, incluida la canción que da nombre al
álbum, grabada en 1963 cuando era miembro del quinteto de Chico
Hamilton. También presentaron otra nueva versión de «Dream Weaver», el
título del álbum debut de su cuarteto en 1966.

Charles Lloyd ha publicado este año su último álbum hasta la fecha, /8
Kindred Spirits [Live From The Lobero] /(Blue Note, 2020). El 15 de
marzo de 2018, celebró su 80º cumpleaños en su lugar de residencia
habitual, Santa Bárbara, California, con un concierto junto a músicos
amigos en el Lobero Theatre de esta ciudad. El concierto fue grabado y
ha sido publicado en varios formatos. El más asequible consiste en la
grabación de la primera mitad del concierto en un CD o doble LP. Otra
edición consiste en una caja con la grabación completa del concierto en
dos CDs o triple LP, más un DVD y un libreto de 96 páginas. Nos
centramos en el CD que recoge la primera mitad del concierto, casi una
hora, y que en cuatro temas celebra la carrera de Loyd. Comienzan
abordando una vez más «Dream Weaver», el tema que dio título a su primer
álbum con Atlantic, grabado en 1966 con Jarrett, DeJohnette y McBee, y
aquí desarrollado magníficamente por la banda, que está formada por el
baterista Eric Harland, el bajista Reuben Rogers, el pianista Gerald
Clayton y el guitarrista Julian Lage. Le sigue «Requiem», en versión
ampliada, más reflexiva y conmovedora que la original publicada en el
álbum /Notes From Big Sur,/ de 1992, y que la posterior versión de
/Voice in The Night/, de 1998. El tercer tema es la canción tradicional
mexicana «La Llorona», aquí el piano inicial da a la canción una
musicalidad muy camerística, más cercana a la grabación publicada en
/Mirror /que a la bellísima versión publicada en el primer álbum de
estudio con The Marvels. El álbum termina con «Parte 5. Ruminations»,
también más extensa que la original publicada en 2017, en /Passin
‘Thru./ Otro repaso a la carrera de Lloyd que no aporta ninguna novedad,
pero que deja una música esplendida y magistral, un álbum ideal para los
seguidores del saxofonista.

El desarrollo de la música de Lloyd a lo largo de su carrera ha ido en
crecimiento constante. Su gran logro ha sido acercarse a otras músicas
desde el jazz, sin abandonarlo, marcando un campo creativo mucho más
rico y amplio, con sonoridades y formas complementarias, –sin
direccionamientos ni idearios previos. Escuchar a Lloyd es sumergirse en
una experiencia sensible llena de detalles y encuentros sorprendentes,
siempre circulando en torno a volubles formas de belleza. Un ir y venir
paseando, de lo conocido a lo diferente, de la sencillez a la
complejidad, de lo simple a lo audaz. Sensibilidad y carisma son
palabras que se podrían añadir al intentar definir su forma de concebir
y hacer música.

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